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lunes, 25 de octubre de 2010
Fila 9 - Por Fernando "Nando" Parrado

Cuando todo parece que termina, pero todo vuelve a comenzar...

Por los maestros de rugby, que nos enseñaron de chicos el espíritu del juego más bello junto a su técnica, sus leyes, la camaradería más fuerte y nos soportaron en las giras; que nos enseñaron a contener el entusiasmo en la victoria y la desazón en la derrota; que con la excusa de enseñar repiten lo que más disfrutaron como jugadores: pisar la cancha, correr, pasar la pelota, embarrarse, ver las haches de cerca… ¡Salud!
Por ese rugbier postergado que apenas entró un par de veces en la Intermedia como sustituto; que jugó sus mejores partidos soñando despierto y que llega al club todos los sábados a las 10:30, bolso en mano, para ver si queda un lugar en la Pre “C” y jugar de lo que sea, sentirse Richie McCaw por un rato y probar, así, que en el rugby hay lugar para todos… ¡Salud!
Por los forwards, que se hacen llamar pack (jauría) hasta que transpirados, resoplando sin aire ni piernas van perdiendo la ferocidad del lobo; con el sindicato de la primera línea que dice poseer el secreto alquímico del rugby esencial; con las torres de la segunda línea que ven pasar la pelota sobre sus cabezas en cada line-out; con los alas, psicópatas especialistas en tacklear a destiempo al apertura contrario, y el octavo, el único que se nombra por su número, especie de nowhere man que siempre quiso jugar de back… ¡Salud!
Por los backs, más vituperados por sus forwards que el equipo contrario; con el único que sabe lo que es tener la pelota en la mano: ese medio-scrum que habla, habla y habla…; con el apertura que goza de la dispensa especial de patear la guinda desde donde la reciba; con los tres-cuartos que se pasan las tres cuartas partes del partido mirando cómo los forwards disfrutan de sus scrums, mauls, rucks y line-outs hasta que la pelota llega al apertura que la vuelve a patear; con los centros que se entretienen cambiando de posición entre sí para no enfriarse y si alguna vez reciben un pase (nunca del apertura) corren a chocar con la defensa contraria para que los forwards reanuden los rucks, mauls y scrums; con los wings, tan alejados de todo junto al touch, confundidos con los espectadores pero sin sus derechos: no pueden insultar al árbitro; y el full-back, ese solitario culpable de errar el último tackle frente a cinco atacantes cuando toda la defensa erró los anteriores… ¡Salud!
Por los árbitros, verdaderos jueces de última instancia de un juego en el que las reglas se llaman “leyes”; que conocen sus mil y una interpretaciones aunque “no discutirás con el réferi” es la principal; que a veces pueden cambiar de parecer, y en medio de una explicación paternal lo piensan mejor y te mandan al sin-bin; que hablan, hablan, y hablan más que los dos medio-scrums juntos pero que, sin ellos, tampoco sería posible jugar… ¡Salud!
Por los Blazers (blue, o del color que sea), que jugaban sin hombreras ni protectores bucales y que si dejaban la cancha era por extremaunción; que organizaron y administraron el club para que nosotros pudiéramos aprender a jugar y criticarlos; que nos pasaron la guinda para que algunos organizáramos y administráramos el club para que jugasen nuestros hijos, los de los amigos y los nuevos, y criticarnos; que acertaron y se equivocaron, que no se llevaron ni un centavo (apenas una corbata regimental) y que pusieron mucho, mucho… ¡Salud!
Me podes decir porque seguis jugando ? - Para los Veteranos del Rugby

Una hazaña sin precedentes

El 10 de Octubre de 1987 el San Isidro Club se enfrentaba por segundo vez con el seleccionado australiano y lograba una hazaña sin precedentes. El SIC conseguía el resultado más relevante y significativo de su historia deportiva.
Aquel sábado en el estadio de Velez Sarfield, con el arbitraje de Efrain Sklar y ante unas 15.000 personas, el SIC logró conseguir un empate en 22 tantos frente a los fabulosos Wallabies, que contaron con jugadores de la categoría de Michael Lynagh, Mathew Burke, Nick Farr Jones y Simon Poidevin.
A punto estuvo la Zanja de alcanzar la victoria. Una conversión de Loffreda que salió desviada a tres minutos del final, producto de un try scrum, le hubiera dado la victoria final.
El SIC formó de la siguiente forma: Piran, Sainz Trapaga, A.Ramallo, Loffreda y Cuesta Silva; Madero y Soares Gache; Cirio, De Vedia y Conti; Gasso y Durlach; Cash, Angelillo y Lonardi.- Entrenadores: C. Villegas y J.J. Barcelo.
Desde este lugar, rendimos nuestras sinceras felicitaciones a todos aquellos responsables de tamaña hazaña deportiva para nuestro club.
Homenaje al Veco Villegas - Por Rodolfo Michingo O’Reilly (*)

El Veco era el orden, el respeto. Era el gran cuerdo, con todo lo que ello implica. Nada le quedaba nada suelto. Todo era lo previsto. No podía creer que, desde mi desorden, le ganáramos. Precisamente, desde las antípodas, decía que “el no tener orden” era mi mérito.
Dirigíamos por los años 70 los dos mejores equipos de Buenos Aires. La gente nos imaginaba con el enfrentamiento de los coaches de River y Boca (no sé, Passarella y Bianchi…) Eran el CASI y el SIC. Cuando, a principios de 1977 me fui a vivir a Punta del Este, el “Inge” vino un par de veces, en invierno. Siempre me imaginé que a verme. Charlábamos horas de rugby. Y, sino era sólo a verme, poco importa. Me avisaba y, con el correr de los años, lo decodifique como una demostración de amistad.
Después, a mi vuelta de Uruguay, ya en la conducción del Seleccionado, Veco nunca dudó en venir a darnos una mano, a Joe (ndr: José Argento) y a mí. Antes de la gira a Sudáfrica pero, centralmente, antes de ir a Australia. El equipo le agradeció su ayuda con el scrum-try con que concluyó el histórico test de Brisbane.
Por esa época íbamos a almorzar a un boliche en la esquina de Reconquista y Tucumán, creo. Siempre la mejor onda.
Ya en el 87 aportó lo suyo para ganarle a Australia, cuando el try de Cristito Mendy, en Vélez.
Y después, lo insólito. Estábamos en Mendoza con los Pumas. Suspendimos todo y nos volvimos a Buenos. Aires. Lo fui a recibir al pobre Bambi (ndr: Alfredo Soares Gache) que lo había ido a traer de Posadas. En el hangar de enfrente de Aeroparque. Nadie podía parar de llorar. No había palabras.
La misa en el SIC, donde el cura Dolan dijo que estaba enojado con Dios. Tenía razón.
Pero en algún lado estará enseñando el “empuje coordinado”. Esto como símbolo de su respeto por el juego, “that’s rugby”. Se debe haber encontrado con Jacques Fouroux . Otro loco. Ya nos vamos a encontrar todos.
(*) Ex entrenador del CASI y de Los Pumas. En este último convocó en varias oportunidades a Veco para que dé una mano. Mantenían una estrecha relación.
El Rugby y el Dulce de Leche - Por Nicanor González del Solar

Hace unos días leí que, un diario de Madrid, determinó que el helado de dulce de leche argentino es uno de los sabores más aceptados en el mundo y uno de los más ricos. Como buen gordo, comparto esa opinión porque, la verdad, es el único gusto que elijo, principalmente si está mezclado con chocolate.
Nosotros estamos orgullosos de nuestro célebre alimento y lo consideramos algo propio. Sin embargo, hay un escritor e investigador de los orígenes de las comidas que nos saca la creación del dulce de leche. Se trata de Víctor Ego Ducrot quien, en su libro “Los sabores de la patria” dice“… y el dulce de leche, orgullo de los argentinos, tampoco nació dentro de nuestras actuales fronteras, sino en Chile, donde se lo conocía con el nombre de "manjar blanco"…”
Verdadera o falsa la afirmación de Ducrot, yo me quedó con la versión del recordado Victor Sueiro quien, en su trabajo “Crónica Loca” da otro origen que nos satisface, donde el dulce de leche nació por una casualidad y tuvo a dos hombres de nuestra historia como protagonistas.Sueiro recuerda que “… el general Juan Galo de Lavalle y el brigadier general Juan Manuel de Rosas firmaron el 24 de junio de 1829 lo que se llamó “El tratado de Cañuelas”. Ambos eran enemigos políticos y militares pero parecían haber comprendido que era necesario detener tanta matanza entre hermanos…”Luego del acuerdo, el 17 de julio de ese año 1829, Lavalle llegó, sorpresivamente, a la estancia de Rosas en Cañuelas. Había cabalgado un largo trecho y estaba cansado. Mientras aguardaba a Rosas, vio un catre de campaña y se echó sobre él. Se quedó dormido y no advirtió que, cerca, estaban las cocineras que preparaban los alimentos. Una mulata revolvía en una olla leche caliente con azúcar, llamada “la lechada”. Aunque estaba concentrada en su tarea, escuchó un ronquido y su sorpresa fue grande cuando advirtió que, quien emitía ese vulgar sonido era el enemigo de su patrón, el diablo Lavalle. La muchacha desconocía la política y el acuerdo y, sin pensar en la olla que hervía, salió corriendo y avisó a la guardia del Brigadier. Sus gritos fueron escuchados por varios y, principalmente, por Rosas. Cuando vio a Lavalle muy dormido, sonrió y ordenó que lo dejaran descansar.La robusta mulata se dio cuenta, unas horas después, que la “lechada” seguía en la olla y no sabía qué había quedado de esa larga cocción. Se acercó y el olor era delicioso. Su olfato la empujó a probar esa cosa marrón y, para sorpresa de la dama, descubrió algo riquísimo. Después se tentaron Lavalle y Rosas y sucedió lo mismo: el alimento les encantó.De tal modo, según esta versión(aceptada, además, por Miriam Becker en un artículo publicado en el diario La Nación) el 17 de julio de 1829 nació el dulce de leche.
¿Les gustó la historia? Ahora, ¿Qué tiene que ver con el rugby? Ya les destaco el vínculo. Primero tengo que mencionar a un rugbier que, en los 60´, jugó en Old Georgian, el desaparecido equipo de los ex alumnos del Colegio San Jorge de Quilmes. Eric Kember, el “chaquito”, es hijo de un ex dirigente de la UAR, “Chaco” Kember. Un personaje simpatiquísimo que se hacía amigo de todos los que lo conocían y que, como dominaba el idioma inglés, abrió muchas puertas en las giras de los Pumas. Por ejemplo, en 1983, cuando fuimos a Australia, realizó como Manager una tarea excelente.“Chaquito” Kember, el hijo, tuvo varias actividades pero, un día, se le ocurrió algo genial. Se acercó a la heladería “Pepe”, muy conocida en Acassusso. El nieto del italiano fundador(durante 50 años produjo unos helados magníficos donde sobresalía el dulce de leche)continuó la tradición familiar, aun cuando se había recibido de arquitecto. Fue Pepe nieto, generoso y noble, quien le enseñó a Kember a fabricar helados. “Chaquito” trabajó unos meses y asimiló los secretos del helado italiano-argentino.
¿Por qué este “gringo” se transformó en un cultor del helado artesanal? Porque quería llevar el estilo argentino de este alimento a…. ¡Sudáfrica!. Había participado en giras y se dio cuenta que los “ice creams” de la tierra de los Springboks eran horribles. Imaginaba los riesgos comerciales pero siguió adelante. No sólo asimiló los secretos y la técnica de Pepe nieto sino que, además, decidió importar a Sudáfrica las máquinas argentinas para producir los helados. Quería que, en la patria de Mandela, sus helados fueran plenamente los de nuestro país .
Primero Kember se instaló en Durban, en la ciudad al lado del Océano Índico, donde hace calor casi todo el año. Su primer negocio fue un suceso y, a los pocos meses, abrió el segundo, después el tercero y… creó una cadena de helados iguales a los que preferimos en nuestra nación. ¿Cuál fue el sabor preferido por los sudafricanos? Sí: el de ¡dulce de leche!Atención: Chaquito no lo llamó “sweet of milk” o “Caramel”, como identifican este gusto en Inglaterra o Estados Unidos. No; impuso el nombre nuestro: ¡Dulce de leche!
Así, con esta curiosa asociación, el rugby se hermanó con nuestro helado preferido: el que cautivó a Rosas y a Lavalle como postre y que, gracias al talento artesanal de los italianos, es parte de nuestra idiosincrasia .¡Ah! Gracias a Chaquito Kember, desde hace varias décadas, también de los sudafricanos…
Homenaje al Veco VILLEGAS - Por Marcelo LOFFREDA

“El rugby no es un fin en sí mismo sino un medio:
Un medio para disfrutar.
Un medio para educar y educarse.
Un medio para relacionarse”.
Palabras que me quedaron grabadas y que se hicieron carne no sólo en mí, sino en todas las personas que tuvieron la oportunidad de compartir años, meses, días e inclusive sólo horas con el Veco.Eso decía el Veco respecto al rugby y así era también como lo vivía. Porque, entre un sinnúmero de virtudes que tenía, la de ser consecuente con lo que pensaba, decía y actuaba, era otra de ellas.
Si había algo sorprendente en el Veco, era que siempre, absolutamente siempre, cuando hablaba, estabas atento, te “enganchaba”. Tenía la capacidad o el don de la palabra, lo que le permitía poder transmitir sus pensamientos o conceptos con facilidad y claridad, de manera simple y comprensible, pero al mismo tiempo con seguridad y firmeza. Era un placer escucharlo.
Su vida fue, según mi visión, un ejemplo de humildad, de amor y de pasión. De humildad porque nunca fue atrapado por el exitismo, ni por la tentación de creerse más de lo que realmente era. Perfil bajo, palabras reflexivas y tono siempre medido. Esa fue siempre una constante en su vida. De amor a su familia, a Maricha y a sus hijos (Mercedes, Santiago, Joaquín y Francisco), a su primer club, Liceo Militar, donde se inició en este juego y conoció a Catamarca Ocampo, y a su club adoptivo, el SIC. De pasión por el rugby, un deporte que como jugador no se había llegado a destacar demasiado, pero que como entrenador, coach, educador e inclusive maestro, llegó a sorprender y llamar la atención del mundo entero, en épocas donde la Argentina era sólo una mancha en el mapa rugbístico internacional, cuando lo invitaron a dar una conferencia sobre el juego en Gales.
Estudioso, sistemático, detallista, analítico y disciplinado, eran algunas de las características que lo hacían sobresalir como entrenador, pero lo que lo hacía aún más notable eran sus valores humanos.
Honestidad, solidaridad y respeto fueron una constante en su, lamentablemente, corta vida.
Junto a Emilio (Gringo) Perasso formaron una dupla excepcional en términos de continuidad y éxito deportivo entrenando a la Primera División del SIC durante muchos años y al Seleccionado Argentino. Pero todavía, mucho más valioso en términos humanos, ambos utilizaron el respeto como premisa básica ante todo.
El SIC basa su filosofía y sus principios, en experiencia e historia, en enseñanzas y ejemplos. Si hay alguien que ha contribuído enormemente a construir esta concepción de lo que es para nosotros una forma de vivir, ese ha sido el Veco.
(*) Marcelo LOFFREDA - Dirigido por el Veco en el SIC desde 1977 hasta 1988.