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domingo, 24 de octubre de 2010

El Miedo: El enemigo número uno - Por Lic. Julia Alvarez Iguña


La licenciada Julia Alvarez Iguña aborda un tema fundamental para la competencia deportiva. Trata, desde la psicología deportiva, el funcionamiento de la mente en las situaciones de adversidad.

Muchos me escriben preguntándome como pueden hacer para reponerse ante situaciones negativas en un partido. Sería muy fácil poder enviarles numerosas rutinas y técnicas para recuperarse, en muchas de mis columnas hay varias de ellas, pero de nada servirían si no empiezan a entender qué es lo que sucede en nuestra mente y porqué reaccionamos de manera negativa.

De nada valdría que un paciente fuera al médico y le dijera que le duele mucho la cabeza, y éste te diera una aspirina, cuando lo que hay que averiguar es por que te duele. Este ejemplo es válido para nuestro tema. De nada serviría una técnica sin conocer el origen de ese miedo.

Pero volvamos al tema de la respuesta ante lo negativo. Casi todos hemos escuchado: “Tengo que ser más positivo”, “Me presiono mucho en el juego" “Tengo miedo a tacklear, a que se me caiga la pelota”. Todos estos son comentarios que ya los hemos escuchado y nos lo hemos dicho miles de veces, pero qué es lo que pasa cuando suceden estas cosas. ¿Cómo enfrentar los miedos, las presiones y las tensiones que surgen en una competencia?
Empecemos por definir qué es el miedo.


El miedo es una emoción universal y necesaria provocada ante una percepción de riesgo. Ante un peligro real, tomamos medidas defensivas con el fin de esquivar o evitar el objeto o situación displacentera como manera de cuidarnos. Como el cerebro no distingue si lo que pasa es real o imaginario, en el juego y ante una situación de alarma, reaccionamos a través de conductas como la lucha, la huida o la inhibición. Para prepararnos para estas acciones, nuestro cuerpo segrega una serie de hormonas, llamadas “hormonas del estrés” que provocan una serie de cambios en nuestro cuerpo para facilitar dicha respuesta. Estos son:

• Una mayor tensión muscular que nos permitiría luchar o huir.

• Aceleración del sistema circulatorio y respiratorio (epinefrina).

• La digestión se detiene para no utilizar energía que necesitan otros lugares del cuerpo, como los músculos.

• Consumimos la energía muscular, ya que ante situaciones de alarma se libera cortisol en sangre y para asegurar su aporte al cerebro lo toma de otros órganos.

• Aumento de adrenalina: La mente aumenta el estado de alerta y los sentidos se agudizan.

La emoción básica del miedo genera emociones relacionadas, como la ansiedad y la angustia. Cuando nos hallamos en situación de amenaza, nos sentimos nerviosos, inquietos y con frecuencia no nos atrevemos a decir francamente que sentimos miedo, ya que dentro de nuestra cultura se rechaza considerar esta sensación; más aún en la cultura del deporte y en el espíritu del rugby. Ante la aparición de estos sentimientos los reprimidos, donde se automatizan las conductas reaccionando siempre de la misma manera, lo que con el tiempo es más difícil de resolver.

La ansiedad es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, impreciso, que puede suceder. Comparte con el miedo la impresión de temor, pero a diferencia de éste, el miedo se produce por algo, en la angustia o ansiedad se produce por nada.
De allí podemos definir que el miedo es temor a un objeto presente, un rival, dolor en una lesión, a un tackle fuerte, mientras que en la angustia, es un temor impreciso carente de objeto, a algo que puede llegar a suceder, dando lugar a la desconfianza como anticipación de lo peor; por ejemplo: el resultado, ser sacado de un partido, a lesionarse o volver a lesionarse, a jugar mal, a perder.

Una de las cosas que menos tolera el ser humano es la incertidumbre. Nos movemos en un mundo de certezas, por eso muchas veces suele suceder que por miedo al error surja la ansiedad ante el resultado imprevisto. El hombre aprende de hechos y situaciones pasadas y por eso también tiene capacidad para prever peligros que se presentan en la cancha. Todo esto está referido a desencadenantes internos construidos por recuerdos, ideas, pensamientos de ejecuciones pasadas, que actúan como estímulos y que debemos conrolarlos. De ahí la importancia de reconocerlos y trabajar sobre ellos, saber por qué se originan, ante qué circunstancias, en qué momentos. Los miedos aumentan a mayor presión y disminuyen a mayor confianza. Acordémonos que reaccionamos ante presiones externas o internas. ¿cuáles son las situaciones que te ponen más nervioso?

El deporte implica pasar por momentos de desafíos, de tensión, de nerviosismo; pero ¿qué es lo que pensamos ante esas situaciones, cómo reaccionamos?
Siempre existe la posibilidad del error, de lo imprevisto. Sabemos que el juego perfecto no existe. Esta percepción influye sobremanera en los jugadores ansiosos y perfectistas generando un nivel elevado de tensión, ya que al no llegar a alcanzar su mejor nivel, pierden la armonía mental y física ideal para el rendimiento, instalándose el temor de poder realizar una mala jugada que pueda tocar su autoestima.
Como es la cadena desencadenante de lo pensamientos ante el temor:

Siempre los pensamientos negativos van a aparecer, pero liberalos, no los acumules. Cuando te sentís desmotivado o repetís errores, te vas a dar cuenta que tus percepciones y acciones están siendo afectadas por como te pensas. Si podes volver a concentrarte en tu objetivo de ser competente, de autosuperación, de lograr lo mejor de vos, mas allá de los resultados te vas a poder refocalizar en el juego. El que cae en la desmotivación pensando solo en los resultados, caerá en la resignación de no alcanzar ese deseo sintiéndose frustrado e inhibido en su juego y dando posibilidades al enojo que es una puerta de entrada a la desconcentración.

¿Como se procesa todo esto?
Los estímulos del exterior llegan como información de entrada a las áreas subcorticales del cerebro por medio de la visión, las cuales se relacionan en un lugar muy preciso con la emoción. Éste procedimiento nos lleva a responder con rapidez ante lo percibido.

El cerebro evalúa la situación y de acuerdo a la emoción que la acompaña establece alarmas afectivas para identificar lo que nos plantea la misma. Los centros emocionales del cerebro reciben y procesan la información de entrada antes de que lo hagan los centros responsables de la toma de decisiones. Es así que lo afectivo-emocional es lo que dispara las diferentes conductas que llevan a la acción. Pensar de forma positiva genera emociones positivas y conduce a actuaciones libres de tensión y con una atención al 100% en la acción.

Si ya desde los primeros momentos de un partido empezamos con pensamientos negativos, “se me están cayendo todas las pelotas”, “contra este rival siempre perdemos”, “si sigo así seguro me sacan”, etc., esos pensamientos te van a perseguir todo el tiempo basados en ideas irracionales creadas por vos mismo. ¿Quién es el que asegura que siempre te va a suceder lo mismo, o que siempre vas a perder con ese rival, o que siempre te van a sacar si jugas mal? Siempre vos mismo. Que descubrimiento!!!!!!

Toda esa carga emocional es la que te impide jugar libre, ya que tus vías neuronales que deberían estar tranquilas y llevando la información precisa a tus músculos, están ocupadas por tensión ante el peligro; por lo tanto, tu cuerpo reacciona ante la situación temida. De ahí la tensión y falta de coordinación que a veces sentís en algún partido. Es por todo el proceso que te expliqué al principio descargado por el peligro inconsciente. El cerebro es como un ordenador, que procesa lo que le llega según ciertas leyes pero depende de la forma en que sistematices y ordenes el material.

Los miedos y la ansiedad condicionan la vida afectiva y, por consiguiente, influyen en la acción, en la eficacia de la performance. La actitud positiva facilita la diversión y la mejora del juego, se apoya en un pensamiento adecuado y favorable, generando emociones de control que posibilitan una actuación siempre constructiva, independientemente del resultado.
Por eso es tan importante poder cambiar los sentimientos negativos en positivos. El “NO PUEDO” no existe; ¿No podés o no querés hacer un papelón?

Las emociones positivas como la confianza, la seguridad, la pasión, son elementales a la hora de jugar y jugarte por lo que querés. Esa sensación de eficacia te va a servir para mantenerte activo, buscando continuamente tu autorrealización. Cuando jugás confiá en vos, cuanto más clara esté tu mente, mas precisa será tu ejecución. Recordá que la mente repite lo último que entró. Si tu último pensamiento fue miedo, así será el resultado.
Debés confiar en tu habilidad, ya que has entrenado mucho, en tu potencial técnico en tu valor como persona y como jugador.

El dialogo interno del Jugador como estrategia y herramienta


Al igual que en otros momentos de la vida, el deportista mantiene un verdadero diálogo interno durante la práctica y también en el momento de la competencia. Este diálogo, lo que el deportista se dice a sí mismo con palabras internas, puede ser negativo o positivo. ¿Se puede utilizar el diálogo interno como una verdadera intervención destinada a mejorar el rendimiento?

Algunos autores, como por ejemplo, Fox, sostienen que el diálogo interno positivo puede diseñarse para ser utilizado en lograr una mejora en el rendimiento deportivo. Entonces nos encontramos frente a una herramienta sencilla y que puede practicarse por todos los jugadores de rugby, profesionales o no, que nos permite diseñar una estrategia de afrontamiento positivo en el momento en que el jugador debe superar algunos obstáculos que no tienen que ver en forma directa e inminente con la situación de juego.

Los objetivos, cuando diseñamos estas herramientas, es permitirle al jugador superar sus propias ansiedades, aumentar la autoconfianza y mejorar su propia técnica. El diálogo interno es un hecho psicológico absolutamente particular de cada jugador, e incluso muy raramente el jugador o jugadora lo comparta con otras personas. Incluso, hay casos donde el propio diálogo interno le pasa desapercibido al jugador o lo olvida al salir de la cancha. Pero muchas veces es necesario ponernos a trabajar con este diálogo propio y particular, ya que si se trata de frases negativas que el jugador se dice constantemente a si mismo, puede profundizar el bajo rendimiento, desmotivarlo y aumentar la ansiedad.

La definición de diálogo interno (según Fox, Hardy, Gammage y Hall) es: el diálogo personal manifiesto o no, en el que el deportista interpreta los sentimientos, percepciones y convicciones y se proporciona a sí mismo instrucciones y reafirmaciones. Cuando los psicólogos trabajamos con el diálogo interno de un jugador indagamos factores para definir el dónde, cómo, cuándo y por qué de dicho diálogo.

Lo más importante, más allá de las investigaciones y las teorías al respecto, es que el diálogo interno es una técnica efectiva para controlar los pensamientos e influir en las sensaciones del jugador o jugadora durante el entrenamiento y durante la competencia. Los pensamientos y las sensaciones que el jugador o jugadora generan pueden influir en la confianza en sí mismo y, en consecuencia, en su performance. La selección que se realice de las palabras a utilizar debe ser muy cuidadosamente preparada entre el jugador y el psicólogo, dado que cada palabra puede ser un disparador positivo, pero también negativo. Eso requiere de un conocimiento profundo del jugador, para poder realizar una selección de frases que tengan un efecto verdaderamente positivos. Cuando el diálogo interno se utiliza como una herramienta, no debe ser fruto de una mera improvisación.

Ya sea detectando los diálogos internos negativos que obstaculizan el mejor desenvolvimiento, ya sea diseñando el diálogo interno como herramienta para mejorar el rendimiento, lo cierto es que esta es una de las tantas estrategias de las cuales disponemos para ayudar a nuestros deportistas.

Como vamos a ir viendo en sucesivas notas, las técnicas son muchas, y no sólo colectivas y destinadas al equipo como una totalidad, sino también individuales.

El retiro de un deportista - Cuando sueños y desafios parecen terminarse


Uno de los momentos cruciales en la vida de un deportista es la hora del retiro. Si bien es un tema de actualidad, porque todos los días hay deportistas que culminan su carrera, no es uno de los tema sobre el que abunde la bibliografía, en especial la de habla hispana.
Mientras dura la competencia, el deportista entrena distintas habilidades, físicas, tácticas y emocionales. Pero rara vez se toma en cuenta la preparación para el momento del retiro, pese a que todos saben, o deberían saberlo, que es un momento que llegará indefectiblemente. Y como nadie sabe de antemano cómo reaccionará el deportista una vez retirado, si se presentarán problemas o no, algunos prefieren considerar que el tema debe abordarse desde la psicología clínica, y no desde lo estrictamente deportológico. No es esta nuestra postura; el momento del retiro forma parte de la vida del deportista, quien no dejará de serlo porque concluya su etapa competitiva.
Las causas que pueden llevar a un deportista a retirarse pueden ser varias, pero hoy vamos a tomar solamente el caso del deportista que siente que retirarse es el único camino que le queda, sea por su edad, por lesiones, por disminución de su rendimiento, etc. Vamos a dejar de lado aquí a quien toma la decisión de retirarse y lo vive como un alivio, como algo que, en definitiva, lo está gratificando.
Aunque desde siempre, en forma más o menos consciente, el deportista supo que ese día llegaría, lo más probable es que no esté lo suficientemente preparado (algunos piensan, también, que no hay preparación suficiente...). Hay quienes lo vivirán mejor, pero para algunos se trata de un momento de verdadera crisis y desolación, de sentirse vacíos, aturdidos, tristes, agresivos, amargados o deprimidos. ¿Por qué?
El momento del retiro es un duelo. Estar en duelo significa darse cuenta que hay algo que ya no va a estar más. No tiene que haber fallecido una persona para estar en duelo; los duelos se producen cuando alguien o algo que estaba o era, ya no está o ya no es. El duelo tiene que ver con lo irremediable, con lo que ya no vuelve, con no poder dar marcha atrás. Por eso, la forma en que la persona se sitúe frente a su retiro, en especial en el caso de la alta competencia, estará determinada mayoritariamente por la manera que ha encarado su carrera deportiva previa y con el espacio que esa vida deportiva ocupa en la identidad que ha construido esa persona.
Una persona cuya vida deportiva integra un “porcentaje” alto de su identidad seguramente entrará en un proceso de crisis en el momento de su retiro y tenderá a experimentar una variedad de dificultades de adaptación al proceso. Hay deportistas que comenzaron a practicar un deporte tan tempranamente que ni siquiera recuerdan cuando fue el momento exacto en que empezaron. Esto implica que su vida, que su propia identidad puede llegar a estar asimilada en un porcentaje muy elevado a la práctica de ese deporte, y en definitiva, a la conformación de su propia integridad. Por eso, no puede perderse de vista que es algo del propio ser lo que se deja atrás, que se termina, y es en este aspecto donde se presentan las dificultades, ya que se trata de hacer un duelo sobre una parte del “si mismo”... y en la mayoría de los casos esto no es ni fácil ni sencillo.
A su vez, en el caso que el reconocimiento social haya venido de la mano del deporte, entran a jugar el tema de la valoración personal y los éxitos, lo que ubica al deportista en situación de retiro como a un individuo despojado de algo que siente que jamás recuperará. Es aquí donde resulta indispensable entender el proceso de duelo, saber en qué etapa del mismo se encuentra, evaluar si hay elementos que indiquen alguna patología del mismo y facilitar la búsqueda de nuevas ocupaciones y el aprendizaje de nuevos roles diferentes al rol de deportista. Cuanto más fuerte sea la identidad deportiva del individuo, cuánto más destacado o reconocido sea e, incluso, cuánto mayor sea su calidad de líder, en caso de deportistas de equipos, es posible encontrar mayores dificultades en el proceso de retiro.
El momento del retiro no involucra sólo lo estrictamente deportivo. Hay aspectos sociales y emocionales “indirectos” que se derivan de esta situación pero que son fácilmente desatendidos. Una de las consecuencias inmediatas del retiro es el hecho de disponer de mayores cantidades de tiempo y de no contar con una estructura de soporte en la organización cotidiana. Cambia la rutina, cambia la alimentación, cambian las sensaciones corporales. Hay más tiempo para todo y menos organización, en cierto aspecto, es todo nuevo, pero esto, que puede verse externamente como algo positivo, puede ser un componente que influya negativamente en otros aspectos de la vida de un deportista retirado. Incluso el hecho de estar más tiempo en contacto con el ámbito familiar y social puede influir de diversas formas, dependiendo de cómo atraviese este momento la persona. Un sujeto entristecido, aunque tenga más tiempo en cantidad, tenderá a aprovechar menos su tiempo en calidad.
Si bien una de las posibilidades es observar reacciones de tipo depresivo, también pueden surgir reacciones más maníacas: sujetos que se embarcan impulsivamente en cuanto proyecto se les cruza, o que comienzan inmediatamente la práctica de otro deporte o que incrementan sustancialmente su vida social, en forma exagerada. Todas reacciones con las que se intenta aturdir, muchas veces inconscientemente, para paliar la situación que no se soporta y para mitigar la falta de desafíos que implica la actividad competitiva. Ambos extremos son posibles indicadores de que las cosas no marchan muy bien y que algún tipo de ayuda externa puede ser beneficiosa.
Para transitar un duelo no hay fórmulas mágicas ni recetas milagrosas: hay que vivirlo, y cierta dosis de introspección es necesaria y saludable. La buena noticia es que alguien que haya puesto su pasión, sus sueños y sus esfuerzos en la práctica de un deporte puede, sólo o con ayuda, atravesar el duelo del retiro y salir del mismo fortalecido. La mayor o menor bondad del proceso dependerá de la historia previa del deportista, de su entorno familiar y social y de los recursos psicológicos e intelectuales con que cuente en lo personal, por mencionar solo algunos de los factores a tener en cuenta. Lo importante es llegar al punto de reconocimiento crucial: el retiro es un verdadero proceso de duelo y algunos necesitan trabajarlo más que otros. La adaptación a la nueva vida se transitará mejor cuando se cuente con apoyo familiar y social, con alternativas ocupacionales y con una buena planificación previa al retiro.
Por todo esto y porque el momento del retiro llega indefectiblemente, es necesario formar no sólo buenos deportistas sino también personas con recursos psicológicos saludables e intelectuales adecuados para la vida después de la competencia. El hecho de tener estudios que permitan una reinserción laboral o la posibilidad de retomarlos, permite una proyección a futuro, dentro del mismo ámbito deportivo o fuera de él. Los más complicados pueden ser aquellos deportistas que abandonan todo por su deporte, desde los estudios hasta la vida social. Para prevenir es preciso que todos los actores implicados en la práctica deportiva tomen conciencia sobre la necesidad de pensar al deportista en forma integral:
como una persona con un pasado, un presente y también un futuro en la competencia y más allá de la misma;
como una persona que requiere no sólo entrenamiento físico y táctico, sino también contención psicológica y apoyo;
como una persona a la cual se le deben brindar diversas herramientas que permitan su crecimiento personal y social, además de su crecimiento deportivo, como pueden ser buenos programas de asesoramiento vocacional y ocupacional que faciliten su integración al mundo extra deportivo una vez finalizada su etapa competitiva.
Todo esto tal vez parezca muy alejado de nuestro rugby, pero incluso para un jugador amateur puede ser difícil colgar los botines y sentirse conmocionado cuando debe dejar su práctica. Por suerte, en nuestro país el rugby está sostenido por aspectos sociales que facilitan la contención, ya que el jugador que deja la competencia y es un apasionado, raramente se desvincula totalmente de su club y de todo lo que rodea el aspecto social de este deporte. Una de las formas de sublimar la falta de competencia es asumiendo el rol de entrenador y formador de nuevos jugadores.
Para los jugadores profesionales, para los que hayan dedicado SU VIDA a este deporte, el momento del retiro puede ser muy complejo. Pero los desafíos y los sueños no se terminan ahí aunque la persona se sienta vacía; sólo se trata de reconocer las dificultades que el retiro trae aparejadas, buscar ayuda si no se puede solo y ver como se planifica para seguir la vida adelante, recuperando la pasión y las motivaciones. No hay recetas mágicas. Bien trabajado, puede ser un momento de transición desde donde se evolucione y se salga fortalecido.