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lunes, 16 de enero de 2012

A pedido del Capitán - Por Marcelo Weitzman


Corría el año 2007, continuaba jugando, con mis 45 años a cuestas, en el club , habían retornado algunas figuras que se habían ido del club por diversos motivos, Topa, Hernán Wainer, un ex jugador del club, pilar, que había transitado en la primera de BA.
Me mantenía jugando tranquilamente, como segunda línea en la inter, ya mi cuello y mi cintura, no me dejaban chance de jugar de pilar derecho como antaño.
En la inter, si bien no se jugaba por los “porotos”, había un grupo de jóvenes, que todavía me hacían caso, digo eso, porque ya tienen su experiencia, y algunas veces, fui Capitán.
En el momento de jugar, y por el ansia de ganar y jugar bien, me hacían cometer, algunas torpezas, de otras épocas, como meterle una piña a un compañero que me formaba de ala y me levantaba el brazo y el hombro, al formar alto, y no me dejaba apuntalar al pilar, y por ende el scrum retrocedía, la piña era después de insistirle, en que me forme más bajo, y no lograr el objetivo.
En un día frío de invierno y con mucho viento, al comienzo de la primera rueda, nos entrenaba el amigo Eduardo Piaggio, me llamó en la semana y me pidió si podía volver a jugar de pilar derecho a mis 45 años.
Después del entrenamiento Roger, el capitán y figura, me pidió lo mismo.
Mi primera respuesta sin mucha reflexión fue que sí, me sentía orgulloso por poder ayudar al club  y dejar todo, para empujar ese gran barco que es el club y los amigos.
Mi familia me dijo que estaba loco, y me cortaron el rostro por un tiempo, empecé a entrenar y hacerme acupuntura en el cuello y la cintura, con un chino hijo de puta, que me hacía llorar del dolor, cerca del mercado de flores en Almagro.
El primer partido fue con Beromama, salimos triunfantes, Almafuerte, igual, y así hicimos una buena campaña.
Llegamos a los play-off, nos tocó San José, un clásico para nosotros, ya que somos vecinos del mismo barrio, Azcuenaga y Sarmiento, ellos, nosotros Sarmiento y Uriburu.
Disputamos ese partido, muy duro, pero salimos triunfantes, nos tocaban las semis con Mercedes.
Llegamos a la cancha muy motivados, un montón de gente viendo el partido tanto del local, Mercedes, como gente nuestra, hicimos un try cada uno, pero Mercedes convirtió, después hubo un penal, faltando 5 minutos, para nosotros, pero eso es parte de la anécdota.
Perdimos el partido, muchos de los chicos lloraban, yo me sentía con bronca, hubiera sido espectacular llegar a la final, que hubiese sido con El Retiro, un club amigo y que tiene buen rugby.
Fui al tercer tiempo, apretando los dientes por la bronca y el dolor, la gente de Mercedes estaba muy contenta, y fue muy amable con nosotros, como siempre, yo estaba con toda la bronca, pero habíamos dejado todo.
Pensé en retirarme, pero esa amargura, me dio ganas de una revancha, para el club y para mí.

Un cuentito veraniego - Por Marcelo Weitzman


El colo McKinlay
Un hombre muy largo camina lentamente en una casa en Longchamps, zona sur del gran buenos aires. El hombre reflexiona.
Hace años que dejé de jugar, nunca creí ser un buen jugador, tal vez era bueno en la defensa, tackleaba con un tackle aguerrido y ofensivo, en un tiempo que backs y forwards hacían juegos distintos.
Los forwards, donde jugaba yo como ala, o Wingforward, nos encargábamos de taklear a toda cosa que se moviera, tuviese la camiseta rival y la pelota entre las manos.
Los backs, más delgados y estilizados, recibían la pelota de pie, y la utilizaban a piachere, o bien patada a cargar, o bien la jugaban al wing, quien eludiendo la marca contraria ingresaba al ingoal.
Si bien, el rugby, es un juego y dista mucho de una guerra, en algunos momentos la palabra “batalla” es aplicada de una manera, que le queda cómoda y elegante como un guante.
Entrené muchos años a los forwards de mi club, haciendo batallas, en pequeños espacios, donde la pelota, la ganaba y sostenía el y los jugadores más guapos y fuertes del equipo.
Ya con más de 70 años, cansado de tanta batalla, me doy cuenta, que me hubiese gustado, ser militar y participar en una guerra y conducir un grupo de guerreros, que a la vez sean forwards.
Soy muy alto 1,90m y flaco peso 70 kilos, estoy un poco reducido por la vejez y los nervios.
Nunca tuve vicios, ni fumar ni alcohol ni nada, mi único vicio fue el de transformar un novato lleno de miedo y dudas en un auténtico caballero, que en vez de blandir su espada, tomaba y jugaba con la guinda.
Mis padres eran Británicos, me dieron una buena educación, trabajaban en los ferrocarriles, todos me conocen como el colorado McKinlay.
Estoy cansado, mis nietos, están jugando, voy a dormir.
El Colorado, se acuesta, descansa su largo y delgado cuerpo.
LONDRES 1939.
Campo de entrenamiento inglés en algún lugar al sur de Londres, un grupo de tímidos campesinos escoceses, comienzan a hacer maniobras militares, hace horas Inglaterra le declara la guerra a Alemania, Londres es bombardeada día y noche, el ejército ingles se prepara para la batalla.
El colorado McKinlay, con uniforme de sargento y con 40 años menos, comienza a adiestrar a su tropa. Una gran sonrisa acompaña su cara, disimulada por lo difícil de la situación.
Toda la familia y todo el club acompañan los restos de McKinlay, en su ataúd le ponen una ovalada y la bandera del club, semejante a la cruz escocesa.

domingo, 15 de enero de 2012

19 de junio de 1965: El día que nacieron Los Pumas



El 11-6 sobre los Junior Springboks en Sudáfrica fue el primer hito del deporte ovalado nacional, seleccionado que desde ese día adoptó para siempre el nombre de Pumas.El 11-6 sobre los Junior Springboks en Sudáfrica fue el primer hito del deporte ovalado nacional, seleccionado que desde ese día adoptó para siempre el nombre de Pumas.
19 de junio de 1965. Esta fecha es, sin dudas, el día que nacieron Los Pumas. Un equipo que hasta ese momento no había logrado mayores resultados, empezó a escribir sus páginas doradas a partir del triunfo 11-6 sobre los Junior Springboks en el mismísimo Ellis Park.

El equipo nacional de rugby no tenía mayores pergaminos hasta esa fecha, salvo algún que otro encuentro parejo –y siempre acompañado de mucho roce físico y peleas infernales-. Un año antes de la gira, se programó el viaje de la mano de Danny Craven, un sudafricano que era una especie de dueño del rugby mundial en aquel momento.

La preparación para ese viaje fue totalmente diferente a las anteriores. Izak van Heerden, de quien podría decir que fue el padre de Los Pumas, arribó al país y colaboró con los entrenadores, Alberto Camardón y Angel Guastella. “Me acuerdo que el día del primer entrenamiento, en Gimnasia y Esgrima, llovía torrencialmente. En esa época, cuando había mal tiempo no hacíamos nada. Van Heerden llegó y vio que en la cancha no había nadie. Estábamos en el bar, jugando al truco. El tipo nos hizo cambiar inmediatamente. Fueron dos horas infernales de entrenamiento, con saltos de rana y cuerpo a tierra. Había cambiado el método; nos sometió a un trabajo inusual, de extrema dureza. Hacíamos doble turno, mañana y noche, y en el medio trabajábamos. Cuando llegaba a casa, mi mujer me ponía un cartel, al lado de la puerta, que decía: ‘Estamos bien, los chicos crecen’... Fue durísimo, pero vimos los resultados", contaba el gran e inovidable Aitor Otaño, capitán de aquel equipo. 


Los primeros partidos fueron durísimos, y lo sudafricanos les hicieron sentir a los argentinos su conocido rigor físico. La potencia física y el desleal roce que proponían los equipos anfitriones se transformaron en un tema crucial para los jugadores, quienes se juramentaron no dejarse castigar más. Fue así que empezaron a dar vuelta la historia.

El partido clave en lo anímico fue el triunfo ante Universidades del Sur, la fábrica de los tres cuartos de los Springboks. Los diarios titularon: “Argentina destrozó la cuna del rugby sudafricano". Esa fue la antesala del momento cumbre: la victoria ante Junior Springboks. 

El día del partido, los Springboks habían perdido por primera vez con Australia. La gente llenó el Ellis Park para ver ganar a Sudáfrica. Apenas pasó un cuarto de hora y Pascual se tiró de palomita para anotar el try que pasó a la historia. Después vendría dos más (de España y Loyola), y una conversión del Negro Poggi. Los dos tries de Du Preez nada pudieron hacer: el esfuerzo había dado sus enormes frutos. Se habían recibido de Pumas. Nacía una escuela de vida que todavía hoy no perdió vigencia. 


Síntesis


JUNIOR SPRINGBOKS 6 - LOS PUMAS 11

Junior Springboks: Pretorius; Serfontein, Ackermann, Van der Schyff, Wiggett; Bladen, Du Preez; Claasen, Slabber, Du Piesanie; Irvine, Claasen; Storm, Van Rensburg y Dercksen.
Los Pumas: Cazenave, Neri, Pascual, Rodríguez Jurado, España; Poggi, Etchegaray; Loyola, Silva, Scharenberg; Schmidt, Otaño; Foster, González del Solar y García Yáñez.
Tantos para los Junior Springboks: dos tries de Du Preez.
Tantos para Los Pumas: Tries de Pascual, España y Loyola; una conversión de Poggi.
Arbitro: Piet Robberttze.
Público: 40.000 personas.
Cancha: Ellis Park - Johannesburgo, Sudáfrica.
Jugado el 19 de junio de 1965

Qué significa ser Puma - Por Jorge Búsico / Alejandro Cloppet y Pablo Mamone.

El silencio es una religión. Nadie se atreve a la herejía de quebrarlo. Una sola mirada basta para entenderse. Los que llevan más batallas encima apelan a un par de gestos que a los más jóvenes les sirve para saber que están protegidos. Sólo se escuchan los pasos y el ruido de los cubiertos a la hora del desayuno o del almuerzo liviano. Hay un mito que nace del mismo rugby, pero un grupo de hombres lo transformó en un fuego sagrado que jamás se apagará.

La adrenalina va en aumento, brota por cada poro de quienes en cuestión de horas se calzarán, orgullosos, una camiseta celeste y blanca con un Puma en el corazón. ¿O acaso alguien a esta altura de la vida puede decir que ese animal salvaje que sobresale en el escudo de la UAR es un yaguareté? Ellos están por cumplir el sueño de todo aquel que alguna vez agarró una pelota ovalada. Y no están dispuestos a traicionar esos sueños. Dejarán la vida, porque así lo indica el primer mandamiento.

Allí, en el césped que en minutos van a pisar, esos jugadores que ya se pusieron los pantalones blancos y las medias que también tienen los colores de la Bandera argentina están listos para construir decenas de momentos épicos. Tienen el corazón bien amateur, más allá de estos tiempos profesionales. Tienen la sangre caliente para tacklear a todo el que se ponga delante. Tienen el corazón para aguantarse a quien sea. Tienen el hambre de gloria que se necesita para que los de enfrente los respeten. Tienen la mente a pleno paqra resolver las situaciones difíciles de un deporte que desde su génesis exige estar preparado para afrontar todas las adversidades, como una pelota que no se sabe para dónde va a picar. No son 15. Son miles. Los empuja y los apuntala una historia escrita por valientes. Cada uno sabe que tiene un hermano, porque de un Puma surge otro Puma. Este partido que está por comenzar no es para cualquiera. Es un partido para la leyenda. Es un partido para que lo jueguen los Pumas.

Ahí aparece comandando la fila que ingresa a la cancha Oswald Saint-John Gebbie, el primer capitán argentino, aunque se haya tratado del hijo de un pastor de la Iglesia escocesa, el 12 de junio de 1910. Y detrás de él vienen, respetando la misma ceremonia, el resto de los capitanes. Ahí están Arturo Rodríguez Jurado (padre e hijo), Ricardo Giles, Jorge Sansot, el “Gringo” Guillermo Ehrman, Juan Manuel Belgrano, Jaime O’Farrell, Martín Aspiroz, Isidro Comas, Antonio Salinas, Bernardo Aitor Otaño, Héctor “Pochola” Silva, Adolfo “Palomo” Etchegaray, Hugo Miguens, el “Negro” Miguel Furia Iglesias, Eduardo Winnie Morgan, Hugo Porta, Jorge Georgi Allen, Pablo Garretón, el “Tano” Marcelo Loffreda, el “Bebe” Sebastián Salvat, Pedro Sporleder, Lisandro Arbizu y Agustín Pichot.

Pasó la emoción en el momento del Himno y quedó atrás el abrazo bien fuerte para darse el último aliento. Y en el primer pique nomás se revive, como si se tratase de una película de ésas que ya están gastadas de tanto verlas y disfrutarlas, la palomita de Marcelo Pascual volando sobre el ingoal de los Juniors Springboks en aquella memorable tarde del 19 de junio de 1965 en el Ellis Park de Johannesburgo. Igual que el hombre de Pucará vuela Marcelo Campo en el mítico Twickenham para vulnerar la historia de los ingleses en 1978. Y lo mismo hace Diego Albanese, aterrizando en propiedad irlandesa para el formidable triunfo en Lens, Francia, en el Mundial de 1999. Y hasta parece que se tratara de la misma persona cuando el “Flaco” Ernesto Ure vuela en las narices de los franceses.

Ahora las fotos lo muestran a Porta aniquilando el ingoal de los Springboks en 1982, y martirizándolos con la magia de su pie para el triunfo único en Bleomfontein, que no importa que haya sido con la camiseta de Sudamérica XV, porque ese día hubo 15 Pumas. Y el mismo genio aparece marcando todos los puntos en el empate frente a los All Blacks, en el Ferro de 1985. O en la igualdad con los franceses, en 1977. Es el 10 que inventa siempre, como aquella vez que sorprendió a sus propios compañeros jugando rápido un penal que pedía palos pero terminó en el vuelo interminable de Campo hacia el ingoal de los ingleses. Es el dueño de un botín increíble que fue considerado el mejor del mundo; ante él se rindieron todos los poderosos. Es el hombre que en un mismo partido le asestó tres drops a los australianos y repitió ante los neocelandeses.

Ahí va el histórico scrum que ingresa para doblegar a los australianos en Brisbane, en 1983. Y con él, los también históricos tackles, otro sello del alma Puma. Aparecen Julio Genoud, haciéndole sentir el rigor a los ingleses de Oxford Cambridge en 1956, el “Negro” Raúl Loyola partiéndole las piernas a los irlandeses, Georgi Allen llevándose puestos a dos sudafricanos en Bloemfontein, Guillermo “Cacho” Varone, el mismo día, cruzando toda la cancha para despedir a otro sudafricano hacia la pista de atletismo, Bernardo “Berni” Miguens tirando diez metros a un australiano pese a que recién debutaba y ni siquiera había entrado en calor, el “Tano” Loffreda volteando a tres franceses en la victoria posterior a la muerte del “Veco” Carlos Villegas, Santiago “Tati” Phelan y el Yankee Rolando Martin con los hombros rojos de parar samoanos, y los 15 leones metiendo 22 tackles en aquellos 9 munitos finales del épico test frente a los irlandeses en el Mundial de 1999.

Allí están en el vestuario de la gira de 1965 el “Gato” Ricardo Handley, Arturito Rodríguez Jurado, “Pochola” Silva, Luis “Lucho” Gradín y Ronaldo “Ronnie” Foster jurándose no salir vivos de la cancha si no ganan. Es el mismo juramento de los 15 que defendieron el ingoal en el ’99. Y es idéntico al de aquel grupo que venció a los Springboks en 1982 después de haber recibido una paliza en el primer test. No es distinto al que promulgan los que vistieron la celeste y blanca en las décadas del 10 al 50. Ya se sabe: ser Puma es hereditario. Y no sólo por los hermanos Morgan, Miguens, Lanza, Fernández Miranda, Iachetti, Contepomi.Ser Puma es como un apellido más. Se lleva para toda la vida.

Vuelve a aparecer el “Gato” Handley en el vestuario, antes de jugar contra los Gazelles sudafricanos en 1972 y con su mujer gravemente internada, diciéndole a sus compañeros: “Ahora entramos y nada de saludos a la tribuna. Los cagamos bien a palos, les ganamos y después saludamos”. Y así fue nomás. Como aquellas palabras de los Pumas del ’99, cuando se quedaron sin entrenador, solos en el vestuario de Liceo Naval, a días del Mundial. Allí también se escuchó un: “Ahora vamos por nosotros mismos”. Hay decenas de imágenes idénticas previas a los partidos.
Por algo los franceses reconocen que sus valientes forwards sólo sintieron miedo en dos estadios: en el de Ferro y en el de Vélez.

La amada y traicionera ovalada la manejan de memoria Ricardo Giles y el “Gringo” Erhman para enloquecer a los irlandeses en 1952. La toma “Lucho” Gradín y ensaya “el yeso”, o sea se escapa por el lado ciego de los sudafricanos después de un line. Es “yeso” porque si pasaba, todo bien, pero si no, “me enyesan hasta el pelo”. Lo apoya Ricardo Passaglia luego de acertar con la “Santa Fe” (pelota a la cola del line y carga de los forwards) nada menos que en Twickenham. La agarra Martín Sansot, quien se agacha y hace pasar de largo a dos hambrientos All Blacks, en 1976. La aprisionan Jorge “Yoyo” Gauweloose y Gonzalo Beccar Varela para culminar en el ingoal galés en aquella derrota que fue como una victoria, en el Arms Park, también en 1976.

La embolsa Rafael “Rafa” Madero para vencer por primera vez a los Wallabies australianos en 1979, en Ferro. La inventa “Fichín” Pichot para metérseles a los australianos en Ferro, y a los japoneses y franceses en el Mundial. La atrapa el “Chino” Fabián Turnes para gritar el try en el primer triunfo ante Francia, en Ferro, y lo mismo hace su compadre Diego Cuesta Silva en el segundo test. La acaricia Santiago Mesón con sus penales para la victoria ante Francia, en Nantes de 1992. La emboca Daniel “Banana” Baetti sin que nadie se diera cuenta de que se había colocado los botines con tapones de goma para otro triunfo contra los franceses, en Vélez 1988. Le habla el “Negro” Eduardo Poggi con su estilo para pegarle de guadaña que sorprende a los sudafricanos. La aman Gonzalo “Queso” Quesada cuando su pie termina en lo más alto en el Mundial del 99 o cuando Hernán Vidou mete todo para doblegar por primera vez a los ingleses, en 1990. La corajea Arbizu en los dos tries a los neocelandeses en River 2001, y es un calco de lo que fabrican Aitor Otaño para romper los tackes escoceses y Alejandro “Chiquito” Travaglini los de los irlandeses.

Los rivales sufren el coraje Puma. Como los franceses de Section Paloise, en 1965, cuando en la primera salida todos terminaron en el suelo después de la topadora hambrienta de los de celeste y blanco. Y lo mismo les pasa a otros franceses, ya con la camiseta bleu, cuando quisieron copar la parada en Ferro 1985 y tras el kick-off de Porta recibieron los embates de los forwards, dispuestos a que nadie se los lleve por delante. Y es casi idéntico a lo ocurrido en Bloemfontein, con 15 argentinos con la adrenalina al máximo para tumbar a las torres sudafricanas.

El “Ruso” Alejandro Cerioni se le para de frente a los ingleses en 1978 y les dice a todos juntos: “Come on, come on”. Hugo Nicola se aguanta en el primer test que el pilar francés le deje toda la cara arañada, pero en el segundo se acaba todo cuando le muerde un dedo. Andrés “Perica” Courreges se cansa de que el temible Paparemborde lo cruce en el scrum para romperle las costillas y tras aclararle que “cèst la guerre”, le muerde la oreja. Serafín Dengra se recupera del cabezazo que le rompió la nariz en su bautismo internacional en Bloemfontein, y con sólo 20 años devuelve el gesto en el scrum siguiente. Alejandro Sandro Iachetti no se deja llevar por delante y con la cara ensangrentada, porque un francés le rompió el tabique nasal, le reparte a los más grandotes. El “Bambi” Alfredo Soares Gache copa la parada cuando se le vienen todos los Springboks encima. Federico Méndez, recién mayor de edad, lo duerme al gigante inglés Paul Ackford, que pisaba contrarios pese a golear en Twickenham. No son éstas escenas para elogiar, pero muestran otro costado de la leyenda. Es ésa que nadie sabe quién la impartió, pero que todos saben que hay que cumplirla. Es ese otro mandamiento de que un Puma nunca corre cuando se armó la batahola.

Otra vez aquello de la herencia. Aitor Otaño lo mima como un hijo a José Javier “Tito” Fernández, su sucesor, y lo mismo hace el grandote con el “Chapa” Eliseo Branca, durmiendo en la cama de al lado durante toda la gira de 1976. “Pochola” Silva le explica a un “Flaco” Ure con sólo 19 años que si no le devuelve la piña a un neocelandés lo van a pasar por arriba, y mucho después el mismo forward al que Porta definió como “un Puma en serio” se arroja sobre Diego Cuesta Silva en medio de una batahola con los franceses para decirle: “Quedate tranquilo que yo te cuido”. Y ahí está también el genial Martín Sansot para ayudarlo a quitarse las medias a “Berni” Miguens, quien acababa de sacarle el puesto en Australia.
Ahí está de nuevo el espíritu Puma. Y no falta el buen humor del “Ruso” Raúl Sanz, del “Enano” Ricardo Landajo, de “Perica” Courreges, de Adolfo “Fito” Cappelletti, de Alejandro “Chirola” Scolni, del “Aguja” Fabio Gómez, del “Gordo” Mauricio Reggiardo. Continúa con la pasión llevada al periodismo por Nicanor González del Solar. Y va hacia la solidaridad con el equipo y con las ganas de jugar siempre en Los Pumas, con el “Rafa” Madero actuando en tres puestos distintos (centro, apertura y full-back), al igual que el mellizo Felipe Contepomi. O con Ronnie Foster trasladándose de la tercera línea a la primera, como pilar, con el tremendo esfuerzo que derivó en una curiosidad: en apenas un mes se le agrandó el tamaño del cuello de sus camisas de 42 a 44 y medio. O con el “Tati” Gustavo Milano improvisando como pateador al touch contra los ingleses.

¿Más mística? Claro. Hugo Miguens tacklea pese a que la sangre le quita la visión contra los Gazelles, en Ferro. Y Diego Cash no se va de la cancha frente a los franceses pese a tener la nariz rota y un tobillo deshecho. Y el “Orco” Cristian Viel juega ante los samoanos, en el Mundial de 1995 de Sudáfrica, con un corte de 12 puntos en su cabeza. Y Arbizu va al frente con su cara desfigurada contra los All Blacks en River. Y el tucumano Garretón aguanta con su espalda tajeada de tantos pisotones de los franceses.

Brotan más imágenes. Es Alberto Camardón perdiendo la serenidad al ver que el triunfo contra los Juniors Springboks iba a ser una realidad. Es Angel “Papuchi” Guastella sintiendo que el estómago le explota cuando a los 20 minutos ya avizora que su equipo de pibes va a lograr algo histórico en Twickenham, en 1978. Es el mismo “Papuchi” junto a Silva festejando solos, comiendo un sándwich y tomando una cerveza en un bar de Constitución, tras el primer triunfo contra los franceses. Son el “Veco” Villegas y el “Gringo” Emilio Perasso, abrazados, disfrutando en las tribunas del Arms Park la estupenda actuación del equipo en 1976. Es Rodolfo “Michingo” O’Reilly corriendo adentro de la cancha detrás de Cristian Mendy, quien con su try iba a sellar el impacto a Australia, en Vélez 1987. Son “Lucho” Gradín y José Luis Imhoff llorando tras la victoria en Nantes, en 1992. Es “Pochola” abrazando a Porta sobre el césped de Vélez después del segundo golpe a los franceses. Son “Tito” Fernández y Héctor “Pipo” Méndez poniéndole toda la mística a una etapa dura de la selección. Son el “Mono” Eduardo Scharenberg y el “Negro” Poggi aportando su alma Puma a un proceso de transición. Son todos juntos y en diferentes épocas, Edmundo Stanfield, el “Francés” Jorge Merelle, Saturnino Racimo, Aitor Otaño, José “Joe” Argento, el “Ruso” Sanz, Alejandro Petra, Ricardo Paganini... Y aquí hay lugar para dos foráneos a quienes se debe considerar Pumas: el sudafricano Izaak van Heerden y el neocelandés Alex Willie. Uno, el maestro-guía de 1965, el que a todos los argentinos les hacía creer que eran los mejores del mundo. El otro, el hosco que le aportó su espíritu al equipo del Mundial de 1999 y al que recién se le vio una lágrima cuando llegó la hora de despedirse de los jugadores. Y también para los médicos con corazón Puma como el “Pato” Luis García Yáñez, Imhoff y el “Oso” Elías Gaviña.

Estallan al mismo tiempo las tribunitas del legendario GEBA, los tablones de Ferro, los tablones y el cementerio del mismo Ferro, los escalones y los asientos de Vélez, y la majestuosidad de River. Porque Los Pumas siempre contagiaron. Nunca pasaron inadvertidos. Lograron algo casi imposible en cualquier otro ámbito: ir más allá del rugby. Por ellos cada equipo que llega a la Argentina sabe que acá nada es sencillo. Que además de 15 leones hay que toparse con miles de gargantas que alientan al ritmo del “hop, hop” cuando se forma un scrum y que gritan “Vamos Pumas, vamos, ponga huevos que ganamos” cuando desde adentro se traslada el contagio de tanto tackle. Y ahí aparece otro mandamiento Puma: siempre se gana con el corazón en la cancha y en la boca.

Este partido es interminable, porque la esencia Puma así lo indica. Porque allí donde haya una pelota picando o volando habrá 15 o miles de hombres con la celeste y blanca en el alma y el Puma sobre el lado del corazón tackleando, empujando en el scrum, saltando en el line, arrastrando gente en las formaciones móviles, buscando quebrar el rival por todos lados, con la adrenalina brotando en cada centímetro de la piel. Allí donde haya emoción y solidaridad, siempre habrá un Puma. Por eso Los Pumas están en la historia. En esta historia.

viernes, 15 de julio de 2011

El rugby y el día del amigo - Por Marcelo Mariosa (Tirasaca)

Tantos años jugando rugby, varios clubes en mi haber, y tantos amigos diseminados por el país y también en amigotes que quedaron en sus países de origen a donde fuimos de gira.

He nombrado algunas veces a mi amigo de Cape Town, Claude Afrikaan, el veloz ala, y también el famoso medioscrum e historiador Aldée Barriére. Martín, el Japo, Fabo, el Negro, Gaby, Juan, Manolito, Fran, Guille, Cachi, Memo ... todos tenemos una amplia lista de amigos y es muy probable que la mayoría de ellos haya estado junto a nosotros en una cancha de rugby.

Entre los jugadores de rugby, la hermandad de los forwards es aún más estrecha. Será por el Abrazo de Scrum. Será porque cada uno necesita del otro. Pero hoy debo reconocer que hay un amigo que merece que lo mencionemos en primera persona. Ese amigo es un rugbier, alguien incondicional a la hora de jugar, de abrir la puerta de su casa y de acompañar a sus amigos.

No es despistado, pero alguna vez en una gira, el micro lo dejó varado y se mandó a mudar porque nadie se fijó que no estaba arriba ... porque estaba comprando hielo. Su vida, como la de todos nosotros, tuvo altos y bajos, luchas con caídas y luego levantadas. Como buen tercera línea, todas las veces se paró de nuevo para ir a tacklear de nuevo. El rugby además te obliga a mostrar quién sos, porque durante el juego no hay manera de no ser uno mismo. Vos, cada uno, mientras jugás, no podés controlar tus acciones, las que ven los otros, porque estás metido en el juego hasta el cuello.

Y ahí, nuestro amigo demostraba todos sus valores.Entonces esta semana, la semana de su cumpleaños número 50, la semana víspera del Día del Amigo, tenemos el deber moral de saludar a nuestro amigo, rugbier, ese que nos envía todas las semanas este semanario de temas de rugby de señores mayores.

Quiero saludar a Fernando Sánchez Keenan, el papá de tres hijos: dos de carne y hueso, y el otro es TiraSaca, una edición semanal llena de amor por el juego y cariño por los amigos que en todo el país juegan al rugby, sin importarles la edad, ni la temperatura, ni lo que diga la patrona. Fer es uno de nosotros. Desde siempre.

sábado, 9 de julio de 2011

Campamento Apertura de Pesca 2011 de Chamigos - Por El Cheto

Los pasados días 12, 13, 14 y 15 de Mayo, los muchachos de Chamigos (de Corrientes) realizamos el Campamento Apertura de Pesca 2011 en la Estancia Camino Real a orillas de nuestro majestuoso río Paraná.

Hacia allá partimos el jueves 12 y, luego de sortear el empantanado camino de acceso, llegamos al lugar donde muy a pesar nuestro preparamos sacrificadamente los primeros Fernet en una transpirante jarra de aluminio, para luego iniciar la pesca nocturna.

Las palometas y dientudos nos enloquecían y provocaban mas sed aún a los pescadores. Se armó el primer truco, mientras marchaba un hermoso vacío a la parrilla acompañado de un buen whisky.- El viernes 13 mejoró el pique y comenzaron a salir los primeros salmoncitos y doradillos. Al mediodía el menú fue asado nuevamente, y a la noche un lechoncito a la leña. La cerveza fría acompañó todo el día, igual que los chipá cuerito y el mate.-

El día sábado 14 fue bárbaro, los bagres y las bogas hicieron su aparición, y como la cadena alimenticia indica, fueron a parar a la olla negra, acompañados de mandiocas y unos buenos malbec.- Como se imaginarán, abundaron las anécdotas de nuestros tiempos de galanes infalibles (siempre sin testigos, por supuesto) y de jugadas que si fueran escuchadas por Reggiardo, seguro nos llamaban a Los Pampas!.

A la noche, cuando los chips de algunos parecían estar reseteados por el alcohol, nos deleitamos con un hermoso cordero a la parrilla y disfrutamos de la última noche de pesca. A los Chamigos, además del rugby, nos da un placer enorme compartir momentos como estos, cargados de anécdotas, brindis, mucha camaradería, ah y también de pesca.

Espero haber podido transmitirles nuestras alegrías en estas breves palabras. El Campamento Oficial de Pesca 2011 se larga en Julio. Están todos invitados, así que los que quieran venir, avisen nomás y los esperaremos con los brazos abiertos. Eso sí cada uno en su bolsa de dormir, eh.! Un abrazo.

El Señor Capitán - Bernardo "Paloma" CARDOZO

Cada vez hay más equipos de rugby de señores mayores y lejos han quedado aquellos momentos incipientes donde eran pocos los contendientes. Ahora hay más de 50 equipos que juegan durante todo el año. Todo es algarabía, algunos golpes, poco entrenamiento, grandes terceros tiempos y la familia, en su mayoría, integrada a la joda de los domingos a la tarde.

Algunos equipos luchan para conseguir una cancha donde jugar. Si el club sólo tiene una (ya quedan pocos con esa desgracia) hay que salir corriendo si llueve, ya que los clubes, y con lamentable razón, prefieren cuidar el "tesorito" para los equipos competitivos. La mayoría de los equipos juegan en la cancha 2 o 3 (o más, si hubiera) y eso es inmerecido, porque nuestras rodillas son tan valiosas como la de los chicos y es más, nos duele mucho más y tardan más en recuperarse. 

En medio de ese pandemonium de una división que tiene dinero propio para hacer lo que quiera en el tercer tiempo (los chicos le dan al paty o al chory y la gaseosa, pero los señores mayores ...) hay una persona que une todas las voluntades y que en general no se lo tiene dónde él se merece, a veces es objeto de bromas, de quejas, y de cualquier pelotudez que a tanto viejo choto se le ocurre: el señor capitán. 

La tradición marca que el capitán es diferente al resto de los jugadores. No sólo es el responsable del equipo dentro de la cancha, sino que debería ser la persona que guía al resto, el que decide qué hacer en un penal o el que decide si un jugador debe salir del campo de juego. En las giras, es el único que tiene una habitación sólo para él (¿será para llevar señoritas?) y goza del respeto de todos los jugadores. 

Pero en el caso de los Veteranos es algo más. Es el que arregla los partidos a principio de año, el que vuelve a llamar a su par del otro equipo para confirmar el partido, el que junta las voluntades (por teléfono o mail) para saber si hay jugadores suficientes y además es el que decide quién entre por quién en el tema ese (horrible) de los cambios. 

Escaso favor le hacemos cuando le preguntamos por boludeces. Hoy en día, muchos equipos se han avivado y los capitanes han delegado en algunos otros caballeros el armado del tercer tiempo, la cena semanal, la confirmación de los jugadores y el rejunte de dinero para el tercer tiempo, camisetas o lo que fuere. 

Es por eso que hoy saludo a todos los capitanes, hayan sido votados o impuestos monárquicamente, líderes de todos los equipos de Señores Mayores y a la vez burros de carga de tamaña tarea que es unificar criterios, llevar adelante una tropa con peso propio y mantener a todo el mundo con una sonrisa, antes y después del partido. Y vaya mi saludo a mi amigo y capitán Fabo, que carga con esa chapa desde que se juntaron unos padres, algunos ex jugadores y algún otro despistado y formaron el equipo que hoy subsiste, ya con muchos jugadores integrados y muchas más que siguen apareciendo, sumando a su club esa cuota de experiencia que representan los mayores y haciendo algo hermoso que todos amamos mucho. Algo que seguro pasó con todos los equipos de jugadores veteranos.

Homenaje a los mas viejitos de Chamigos

No tenemos que recuperar tiempo perdido (sobre la cancha) sino aprovechar este presente hermoso que es poder entrar a un vestuario, atarnos los cordones de los zapatos de rugby (para algunos eso ya es mucho, poder agacharse) y salir a la cancha a disfrutar con amigos con diferentes camisetas.

Un día entré a un vestuario y un compañero y amigo estaba sentado en los bancos de ese club, quieto y en silencio, mirando el piso. le pregunté qué le pasaba y no me respondió. Me senté a su lado y vi que estaba llorando, levemente. Le puse la mano en el hombro y sólo me dijo: -"Creí que nunca más iba a cambiarme para jugar rugby"-

Para todos nosotros el juego y todo lo que lo rodea es algo mágico. Pero comprendan sus límites, no sea cosa que esa magia, alocada y sin control nos deje mas tiempo si este hermoso deporte.

Este es un pequeño y sentido homenaje de toda a Agrupacion de Veteranos de Rugby Chamigos para nuestros titanes mas viejitos, Ito MARQUEZ y al viejo OLAEGER (perdon si esta mal escrito el Apellido).

Gracias por tanto rugby y tantas vivencias dentro y fuera de una cancha. 

Un viaje extraño - Por Capitan Gordon

Estimados
Intentare relatar brevemente lo vivido pero hay vivencias de cuerpos extraños que no compartí y parece que fueron las mejores, jaja!

Cuando salimos a las 5 de lo de Cacho y Willou dijo… "que tipo de pasto tiene la cancha del Yacht Club xq de eso depende que si llevo el botín 1, o el 2 o el 3"… yo dije bueno Chamigo! con estos profesionales nadie nos puede ganar, si encima allá ya estaba Corleto y Paloma, que venga el que sea que puta!

Aclaro que Corleto y Paloma firmaron contrato solo para el segundo partido xq se les mojo el reloj de arena.          

La verdad estuvo muy bueno, era formato encuentro y todos jugaron dos partidos, fiel a nuestra mala costumbre ganamos los dos, el primero contra Encarnación Rugby y el segundo contra nuestros queridos Tucanes, a ambos le atendimos muy bien y le hicimos precio, los dos fueron duros xq los primeros eran grandes y brutos y los segundos porque es casi un clásico y no querían perder, pero lamentablemente perder no estaba en nuestros planes

Jugamos muy bien, nadie puteo, si escucharon bien… nadie puteo, hubo mucha banca, Gastón y Hugo hicieron desastre, Iván y Cacho perforaban bien y non dejaban pasar a nadie, Diego se lanzo varias veces (en la cancha y en la noche) desde el fondo y cerro muy bien lo que se pasaron la primer marca, FEDE desbordo muy bien, Carlos un paragua que no entendía nada, se enamoro de nosotros y dice que no juega mas con su equipo (el vago decía, yo me cortaba y pasaba y siempre había uno, corrían siempre para adelante, mis compañeros tacleaban) parece que nada de esto pasa en su equipo jaja!.

El Chueco tacleo, si señores el Chueco y sus nada menos que 72 años taclearon, en una jugada contra Tucanes le dan un zepelín que era una bomba contra la línea de "Couch", el tipito tomo la marca y la puso hacia adentro para Try de Hugo, en los gordos tuvimos dos incorporaciones de Paraguay, Mariano y Comegato mordiendo en toda la cancha, el viejo Ito queriendo pelear con una Posadeño, Paloma no se pudo conectar con sus levantadores, parece que la comunicación era por Chat y había un diley, Paloma tenia la comodore 64 y el paragua un handy, jajaj!

Por ultimo Vicente, Nica, Corleto y yo le pusimos el peso que le faltaba al equipo y el espectador de lujo fue Jorge "Mono" Cardozo que se desgarro el miércoles en gendarmería y por prescripción del cuerpo medico de Chamigo decidió no jugar, (en la cancha, aclaro por que parece que Corleto y Palo le hicieron jugar a otras cosa después)

El saldo creo que fue muy positivo, hicimos varios contacto y cometamos nuestro encuentro, tenemos que viajar mas para vender nuestro equipo y el encuentro, a muchos le gusto nuestro juego, habían tres equipos de Bs.As. y uno de Salta, me quede con mucha ganas de jugar contra ellos pero no se dio        

La Vedette de nuestro equipo fue el Chueco e Ito, al Chueco lo proclamaron en dos oportunidades al final del encuentro en la cancha y en la cena “por el Espíritu de Rugby” y la verdad que fue un gusto para todos, le dieron el lugar y las honras que se merece.   

” jaja! IMPRESENTABLE!El próximo viaje vamos a encargarnos del auto de Comegato y sus papeles xq esta medio flojito el vago, como cedula verde el vago tenia un formulario de Sebastiani firmado por “Rosana” donde decía que el auto era de Comegato, y el le decía a la gorda de la aduana “

La vuelta se complico un poco x la escasez de combustible pero los expertos pilotos que llevamos lo supieron sobrellevar  

sábado, 30 de abril de 2011

Polo en el Rugby - Por Marcelo Mariosa

En las historias de mi tierna juventud, ya he contado repetidas veces que a mis dulces 16 ya tenía cierto volumen corporal y jugaba, con un año menos, en la cuarta división dominguera de las 10:45 (maldita hora) y también al mismo tiempo en la reserva B que jugaba los gloriosos sábados a la tarde, cuando el club estaba lleno de gente, justo lo que a ellos les costaba conseguir para completar el quince que ingresaba a la cancha.

La reserva A era buena, pero la B no le andaba lejos, el problema era que no siempre juntaban los quince y en aquellos años no había cambios. En ese equipo de enormes amigos es que marqué el primer try de mi vida (los de infantiles no se cuentan) y también siguiendo a los amigotes haciendo las primeras barrabasadas típicas y razonables para la edad. 

Eran años bravos pero recuerdo que apenas tenía 17 cuando íbamos a Marrakesh en Buenos Aires (Maipú casi Marcelo T. de Alvear, en el subsuelo) o a Mau Mau (en la curva de Arroyo) con esos queridos y extrañados amigos que ya tenían más de 20 años, y yo me colaba en las jodas, los bailes y la noche incipiente. Polo, mi querido amigo Polo, era (es) un segunda línea liviano, casi un tercera línea de peso, que saltaba en el line y que jugaba aceptablemente. Pero no era esa su mejor virtud. 

Dueño de una facha de esas que las señoritas hacían cola para esperar que la anterior no fuera aceptada, y también de una voz envidiada por muchos cantantes famosos, Polo era nuestro ícono ganador de donde nos colgábamos los pobres para comer las migajas que dejaba su paso, es decir, las señoritas que quedaban cerca, y había que laburar y mucho con la palabra y los hechos, para compensar al modelo que era nuestro amigo. Y hubo suerte muchas veces. 

Debo confesar a la distancia que tal como se dice, en la guerra y en el amor todo vale. Entonces más de una vez hube de rebajar la imagen de mi querido amigo con el objetivo de que la damita prefiera a este pobre forward simpático y veloz en lugar de ese funesto muchacho que desecha a las chicas como si fuera papel higiénico. 

Juro que no fui tan cruel, pero a la sombra de Polo había que laburar y duro para ganarse el pan ... digo, las chicas. Hemos salido mil noches, hemos cantado cien más. Algunas veces, en algún piringundín de San Telmo, haciendo un dúo que el maestro gentilmente me regalara para poder convencer a nuestras acompañantes que yo también era un plato apetecible. Los años pasaron y nos seguimos juntando y jugando. Y aunque mi espalda ya me haya obligado a decir basta a jugar el viejo fútbol de la ciudad de Rugby, los amigos siguen estando, porque la amistad que se forja en una cancha de rugby supera las barreras y los años. Y sólo cuando cumplís algunos cuántos años podes darte cuenta de todo lo que el rugby y su entorno te han regalado: parte de tu esencia, tus códigos y tus amigos.

Menudo regalo. Gracias Polo por tu amistad, por tus canciones, por el rugby y por algunas chicas que no llegaron hasta tus manos pero que supieron quedarse con ese muchacho bueno y simpático que vendría a ser yo. Algunas veces, casi sin darme cuenta, me encuentro cantando canciones por lo bajo. "Americaaaaaa" dice mi voz, casi en cero. "Un inmenso jardín, eso es América" ... ahora es la voz de Polo que suena en mis oídos, pero del lado de adentro. "Cuando Dios hizo el Edén, pensó en América". 

Ahora cantamos juntos, abrazados, como en tantos terceros tiempos, como tantas veces.


viernes, 15 de abril de 2011

Aquel ensayo de Serge Blanco (Francia)



Ver el número de tu adversario es mala señal. Rota la línea de defensa, se agita cadenciosamente con el balanceo de unos brazos que llevan el balón más allá. Más allá de tu posición, más allá de tu alcance, a la marca, como en el caso de Serge Blanco en ese partido. El de 1987 entre Australia, anfitriona, y Francia, mejor equipo del norte. Qué partido, no por visto mil veces, menos fabuloso. El que ganara iba a la primera final del innovador torneo que, urdido por australianos y neozelandeses, en clubes de paredes forradas de madera y butacones de cuero, tintineando los hielos en el jugo de malta (sólo, naturalmente)  iba a revolucionar el deporte de Ellis.

Fue el 13 de junio de 1987 (yo tenía un exámen final ese día, creo que de Hacienda Pública, eso lo he olvidado, y puedo asegurar que sacrifiqué alguna décima, quizás un punto de la nota, por acabar e irme a verlo, que la diferencia horaria jugaba en mi contra). En el Concord Oval de Sidney, cuando los estadios no llevaban el cambiante nombre de un patrocinador y cuando TVE respetaba este deporte. Eran favoritos los locales, pero el corral que regentaba le petit Napoleon, Jacques Fouroux, guardaba gallos de pelea de pura raza, todos del sur del Hexágono, salvo ese chico que tuvo las agallas de debutar el otoño anterior frente a los All Blacks, el parisino Frank Mesnel. Los demás, una colección de vascos, landeses, occitanos: Patrick Lagisquet, el expreso de Bayona, Serge Blanco, el francovenezolano de Biarritz, Didier Camberabero, de Béziers, Phillipe Sella, de Agen, Denis Charvet, de Toulouse, Pierre Berbizier, de Agen, igual que el talonador Daniel Dubroca y el tercera Dominique Erbani; el pelotari Pascal Ondarts, de Biarritz también, como el enorme segunda Jean Condom; Jean-Pierre Garouet, de Lourdes, Eric Champ, de Tolón, Alain Lorieux, el director de un camping en Aix-les-Bains y  Laurent Rodríguez, el poitevin afincado en Monferrand.

Los australianos llegaban al partido más confiados, habían ganado todo con holgura (los franceses cedieron un empate con los escoceses en la primera fase) y su juego estaba siendo brillante, bajo la batuta innovadora de Nick Farr-Jones y de Michael Linagh, aun dos jovenzuelos creativos e impertinentes entre palos y palos. Les acompañaban el fortísimo Tom Lawton, talonador, Cameron Llillicrap y el veterano Andy McIntyre, pilares; los gigantones Steve Cutler y Bill Campbell en la segunda línea y Troy Coker, Jeff Miller y Simon Poidevin en la tercera, con Brett Papworth, Andrew Slack, que los capitaneaba, Peter Grigg y el millonario en ciernes David Campese atrás. Hasta seis veces cambió el marcador de dueño si bien algunos intuimos que los franceses se iban a llevar el partido: cuestión de fe y dientes apretados. La primera melé vio a los Wallabies recular y decisivo fue aquel ensayo de Alain Lorieux, pura fuerza, robando el balón al saltador de la corta y cargando en la esquina, arrollando a Lawton y a Farr-Jones, con Rodríguez y Dubroca y Garouche detrás, expectantes. Por lo demás, la carrera por la banda de Lagisquet, inalcanzable, zancada abierta y maillotazotado por el viento; Sella, por el centro, contrapie y potencia, evitando la "francesa" desesperada del primera McIntyre, recurso último de la defensa rota, y Blanco, Blanco, al final, con el tiempo suspendido, el aliento contenido y los ojos desorbitados. Un contrataque, (...a suivre!) mil apoyos, izquierda, derecha, vertical, horizontal, Lorieux noqueado, Rodríguez exhausto, y el 15 grabado a fuego, indeleble, en la retina de Slack y Lawton.C'est formidable. L'essai est accordé... exclamaban Albaladejo y Courdec, los antiguos internacionales del Gallo reconvertidos en la más animada pareja de comentaristas televisivos. Exultantes, enloquecidos, anunciaban que les Bleus llegaban a la final. Allí sería otra cosa. Pero los cánticos de los franceses, ya vacío el estadio, durante una hora antes de retirarse al vestuario, demostraban que su objetivo estaba conseguido.


El Viejo - Por Marcelo Mariosa

Todos los amigos leyentes sabrán, a estas alturas, que hace poco se nos ha ido otro amigo, en la provincia de Córdoba. Y muchos hablaron de los análisis obligatorios para poder jugar. La vida es un pequeño regalo que todos recibimos y que debemos atesorar.

Algunos queridos amigos, por diversas y dolorosas razones, han decidido abandonarnos antes de lo previsto y se fueron sin más ni más. Los que estamos por acá, todavía, sabemos de lo inexorable que es terminar la vida y que no hay análisis o chequeo que te garantice nada, pero sin dudas te ayuda a saber si tenés "con certeza" que parar con la actividad física, so pena de que aumente las probabilidades de que nos pase algo antes de lo deseable.

Ha habido muchos casos como el de Juan Migliore, que jugando en primera y con 21 años, una lesión terminó con su vida. Yo siempre digo que debemos cuidarnos para que ese "extra" que se nos regala que es jugar el rugby a una edad donde nuestros abuelos o padres apenas podían moverse, es como una obligación. Jugadores de nuestra edad deben saber que hay que cuidarse diferente que jóvenes de menos de 30, que hay que descansar todo lo necesario (y si no es posible, es mejor hacer el asado, pero no arriesgar el físico), si uno está enfermo debe quedarse en la cama (ya no tenemos 20 años que jugábamos con fiebre), hay que alimentarse adecuadamente para esta etapa de la vida (y no mandarse una pizza entera, sin medir lo que ingerimos) y saber a ciencia cierta si tenemos riesgos altos y posibilidades de que nos pase algo jugando el amado deporte de la pelota oval. Yo sé que hemos jugado "rotos" y enfermos, cortados y con diferente "nanas", pero ahora es tiempo de cuidarse, porque estamos aprovechando tiempo extra, usando un regalo, y no hay que excederse.

No tenemos que recuperar tiempo perdido (sobre la cancha) sino aprovechar este presente hermoso que es poder entrar a un vestuario, atarnos los cordones de los zapatos de rugby (para algunos eso ya es mucho, poder agacharse) y salir a la cancha a disfrutar con amigos con diferentes camisetas. Un día entré a un vestuario y un compañero y amigo estaba sentado en los bancos de ese club, quieto y en silencio, mirando el piso. le pregunté qué le pasaba y no me respondió. Me senté a su lado y vi que estaba llorando, levemente. Le puse la mano en el hombro, sabiendo que había pasado por lo que se creía un cáncer terminal, muchos meses de cama, quimioterapia y mucha esperanza perdida.

Sólo me dijo: -"Creí que nunca más iba a cambiarme para jugar rugby"- Para todos nosotros el juego y todo lo que lo rodea es algo mágico. Pero comprendan sus límites, no sea cosa que esa magia, alocada y sin control, nos haga desaparecer.


jueves, 7 de abril de 2011

Los Quinnell - Gales

En mayo de 1978 fue portada del Rugby World, la conocida publicación que luego iba a ser Rugby World & Post bajo la dirección de Nigel Starmer-Smith, para recuperar unos años después su denominación original, Derek Quinnell, tercera línea, a veces segunda, galés y fundador de una pequeña dinastía de jugadores: Scott, Craig y Gavin.

Derek, el padre, tuvo más fortuna que sus hijos, sin embargo: fue parte de la generación de oro de País de Gales y jugó con los Bennett, Edwards, Davies (Gerald y Merwyn), Gravell, Price, Faulkner y ambos Williams, por citar solamente a algunos. Fue, además, el primer jugador que vistió los colores de los British Lions en test-match sin haber sido internacional con su país, lo que sucedió en la gira por Nueva Zelanda de 1971. Con esa vitola tuvo que debutar, desde luego, durante el V Naciones del año siguiente, y así lo hizo, sustituyendo a Merwyn Davies en el partido que enfrentó a los galeses con los franceses, en Arms Park. Reunió un total de 24 caps, lo normal en aquellos años, y tres giras con los Lions, con cinto tests en total. Y sepan que dio uno de los pases que propiciaron en enero de 1973 el famoso ensayo tempranero de Gareth Edwards frente a los All Blacks en el partido en que ambos vestían la camiseta de los Barbarians. Como narró Cliff Morgan, el comentarista y antiguo internacional galés:

"Kirkpatrick to Williams. This is great stuff. Phil Bennett covering, chased by Alistair Scowan. Brilliant! Oh, that's brilliant! John Williams, Brian Williams, Pullin, John Dawes. Great dummy! David, Tom David, the half-way line. Brilliant by Quinnell. This is Gareth Edwards. A dramatic start. What a score!"

Si su década fue la de los 70, sus vástagos irrumpen, lógicamente, en el rugby internacional en los 90. El primero Scott, pasó por ambos códigos, el nuestro y original y el de los separatistas del norte con Wigan, y en ambos lució los colores nacionales de Gales. Naturalmente volvió al código original con el poderoso caballero que es don dinero, en 1996. Su club, como el de su padre, fue el Llanelli RFC, hoy apellidado Scarlets por aquello de la mercadotecnia, con el que jugó hasta 1994, año en que sacó a la  delantera del Dragón del letargo que sufría desde 1988, al menos, y consiguió aquel portentoso ensayo que anotó frente a Francia en la esquina del fondo sur, desde donde se veían aquellas casas bañadas en hollín que no sobrevivieron al reluciente Millenium Stadium


El hijo pródigo volvió a la fe verdadera en 1996, decía, pero eligió Richmond, en Inglaterra, experimento de millonario que fracasó y arruinó a un club centenario que dejó a la institución en quiebra y siete u ocho categorías por debajo de la Premiership. Scott, quesolamente jugó de tercera línea, regresó en 1998 a Cardiff, donde acabaría su carrera con los Dragones en 2004 y con su club en 2005, como uno de los mejores "rojos" de todos los tiempos, al decir del mismísimo Phil Bennett.

Craig, el mediano de los Quinnell, fue un buen segunda línea. Más grande y fuerte que su hermano mayor, le superaba en cinco centímetros y quince kilos (198 cm por 130 kg) y coincidió con él en la selección galesa desde 1995 a 2002, para un total de 32 caps, veinte menos que Scott. Tampoco fue Lion, como su padre y su hermano, pero sí pieza clave en una renovada delantera que junto a la fuerza de los Quinnell contaba con el dinamismo de Charvis y Williams. Lo cierto es que no cabe comparar a uno y otro. Craig fue un bastión inexpugnable en el juego cerrado que entendía mejor que su hermano la guerra subterránea, lo que le costó más de una visita al sin bin. Sin embargo, ello no era óbice para que aprovechara su masa con demoledora eficacia cuando le llegaba un balón con espacio para correr, tanto con Gales como con sus clubes (pasó de Llanelli a Richmond con su hermano en 1996 y más tarde sirvió en Cardiff, Saracens, Worcester y de nuevo Cardiff Blues).

El menor de los Quinnell, nacido en 1983, es el hermano de mayor envergadura (201 cm y 138 kg), el único que no ha sido internacional absoluto (jugó con los sub 21 galeses) y ya con pocas probabilidades de serlo, a pesar de reunir las misma cualidades que Derek y Scott, quizás más versátil aún, y desde luego con la misma capacidad de motivación que exhibía el patriarca. Ha jugado para Llanelli, Worcester, Viadana y de nuevo para losScarlets, hasta que una desgraciada lesión le hizo perder la visión en un ojo hace seis meses, asunto este que ha trascendido a lo deportivo e investiga la policía local por un presunto delito de lesiones.

Familia rugbística la de los Quinnell, y de suerte diversa, ya se ve por los hermanos menores  (Craig lo dejó por una lesión de cervicales) pero que ha dado momentos de gloria al rugby y a País de Gales, llevando con orgullo el testigo de la fe de los valles del sur.