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lunes, 1 de noviembre de 2010

Las Anecdotas de Aitor Otaño - Por Guillermo Alonso


La idea de escribir las anécdotas de vida de Aitor Otaño, surge a partir de una sugerencia de Rafael Lardieri, quién, si bien no hace mucho tiempo que lo conoce, descubrió que en cada charla en la que participara, Aitor aparecía siempre ¡lustrando con una historia vivida por él. «Este tipo se merece un libro con todo lo que ha vivido», me dijo Rafael Lardieri una trasnoche en Villa Carlos Paz, alimentando mis ganas de escribir sobre un prócer del rugby, a quién conocí desde muy chico y con quien compartí muchos partidos y una gira con la primera de Pucará.

Plasmamos la idea de armar un libro basado en las anécdotas vividas y recordadas por Aitor pero a partir de que en los calurosos días de febrero del 2004 comenzamos a trabajar con el grabador de por medio, me di cuenta que el resultado iba a ser un largo reportaje en el que el propio Aitor contara sus experiencias a partir de los temas que planteáramos.

En esos días Aitor viajó con Los Pumitas a San José (Uruguay) y luego renunció a participar en la Gira a Sudáfrica por el Mundial Juvenil. «Viajar ahora no me motiva como antes. No es que me aburra pero no me divierto. Es que las giras se hacen largas y alrededor ya no están mis amigos (Silva, García Yáñez, Tito Fernández, el Negro Fernández Miranda). Hoy son todos más jóvenes que yo. Hablan de otras cosas», fue la justificación de la decisión tomada.

También me di cuenta que no es fácil tomar distancia, ser objetivo con alguien a quien admiré como jugador y capitán, por eso traté de sumar voces de mucha gente que se ha cruzado por su vida en estos últimos cincuenta años.

A continuación, entonces, en forma desordenada, podrán acceder a una gran parte de la vida de uno de los grandes del deporte argentino de todos los tiempos, de Bernardo «Aitor»Otaño, considerado por sus compañeros de equipo como «El Gran Capitán», un tipo que en la cancha imponía respeto a compañeros y adversarios, pero también un tipo sensible capaz de llorar viendo la publicidad de Coca Cola con Maradona o escuchando el himno.


Un tipo para quien «El espíritu del Puma es indefinible. No se puede elaborar una definición, primero es una meta y luego el orgullo de sentirlo, de vivirlo. Más hacia adentro que hacia fuera. Es mucho más lo que representa para uno que la popularidad que te da. Uno nunca deja de ser Puma, se siente Puma toda la vida aunque sepa que no vestirá más esa camiseta. Es un título nobiliario, algo que uno conserva para siempre.»

Debut en el Seleccionado Argentino

En 1958 se produce el debut de Otaño en seleccionados, integrando el combinado de Provincia que salió segundo en el Campeonato Argentino y luego viajó a Chile con el plantel que ganó el Campeonato Sudamericano, siendo el único integrante de la Delegación que no jugó ni un minuto.

Cuenta Otaño: «Los segundas líneas éramos Dick Hogg, Carlos Olivera y yo. Todas las noches salíamos y cuando a eso de las 12 de la noche volvíamos a las habitaciones, el Pájaro Sorhaburu que compartía la habitación conmigo lo llamaba al Presidente de la Delegación, de apellido Salaburu y se hacía pasar por un periodista de El Mercurio de Chile que quería entrevistarlo sobre el equipo. Como Salaburu se tomaba todas las noches una botella de coñac, cuando lo llamaban no sólo no sabía nada del equipo, sino que ni siquiera sabía que hora era. Sorhaburu le hacía preguntas y preguntas hasta que se tentaba y cuando el Presidente preguntaba quien era, le contestaba: «Soy Otaño y te quería joder un rato» y cortaba. No se si fue por eso, pero la realidad es que no me pusieron nunca, ni siquiera cuando la mayoría se intoxicó con mariscos en Viña del Mar y yo estaba perfecto. Tengo la camiseta del '58 pero sin minutos de cancha, como se dice ahora».

Gira a Sudáfrica 1965

«Hay que ubicarse en esa época en la que surge la posibilidad de viajar», dice Otaño. «Cuando Dannie Graven llegó a San Pablo para confirmar la gira, nos hacen saber que una de las posibilidades es que viaje un equipo representativo de Sudamérica. Por lo tanto, los jugadores argentinos nos propusimos jugar mucho más duro contra Uruguay, Chile y Brasil para que no quedara duda de que la que tenía que ir era Argentina».

«A los pocos días nos mandaron a Izak van Heerden para ayudarnos en la preparación. Izak cambió la mentalidad con que hasta ese momento nos tomábamos los entrenamientos. Van Heerden nos decía: «Ustedes van a ganar muchos partidos, solamente necesitan creerlo». Era un tipo que sabía mucho de rugby y que lo aplicaba en la cancha y en cada detalle. Era un tozudo que, con la ayuda de Camardón y Guastella, logró que todos los que fuimos a esa Gira siguiéramos por años involucrados en el rugby, como jugadores, como técnicos, como médicos o como dirigentes. En los viajes entre ciudades en Sudáfrica nos hacía ver diapositivas con las jugadas de los equipos que debíamos enfrentar. Recordemos que hablamos de 1965. El presidente de la Unión Argentina de Rugby tenía que correr con los jugadores para motivarlos. Éramos muy individualistas. Pensar que hubo jugadores que no fueron, no porque fueran peores de los que fuimos sino porque no hicieron nada por ir, no se entrenaron, algunos ni respondieron a las citaciones. Quizá algunos tuvieron miedo a lo desconocido, o simplemente se tomaban el rugby sin el compromiso que significaba por ejemplo, entrenarse tres meses antes, y sin jugar. Jugadores como Molina Berro, Queirolo, Damilano o Prieto podrían tranquilamente haber sido partícipes de ese grupo.

Después de la Gira

Así como la partida a Sudáfrica había sido acompañada sólo por los familiares y alguno que otro curioso, la llegada a Ezeiza fue apoteótica. El 90% del rugby de Buenos Aires estaba allí, adentro de la pista (no existían las mangas y los pasajeros bajaban por la escalerilla del avión directamente a la pista). Pucará mandó dos colectivos de colegio con chicos de las inferiores. Y así casi todos los otros clubes. Los Pumas eran la novedad del momento y así lo entendieron los medios de prensa, que por primera vez, le dieron al rugby un espacio que nunca había tenido.

«Todo cambió con esa gira -sigue el relato de Otaño-. «La Sastrería González nos quiso regalar un traje o un esmoquin a cada uno. Yo fui de los que no lo acepté, no porque no quisiera sino por miedo a tener problemas, pero casi todos, calladitos se lo llevaron a sus casas. ¡Si, ni siquiera nos pedían hacer publicidad a cambio! También el Concejo Deliberante de Buenos Aires nos quiso regalar una medalla de oro y la Unión no se lo permitió.

La sorpresa llegó a fin de año cuando el Círculo de Periodistas Deportivos le entregó el primer Olimpia de Oro del rugby, 20 años después lo recibiría Hugo Porta compañero y entrenado por Aitor y en 1999 Gonzalo Quesada, que tuvo el gran mérito de ser el goleador de un mundial, en un equipo que tuvo muy pocos tries en todo el campeonato. «No me puedo olvidar algo que me pareció una locura, pero cuando Albanese llegó al try contra Irlanda todavía no se había pateado la conversión -que no era fácil- y todos se abrazaban igual, tal la confianza que tenían en Queso».

La Ceremonia de los Olimpia era mucho más simple que la de estos últimos años. Se realizaba en el Círculo de Periodistas Deportivos con la Presidencia de José López Pájaro y concurrían sólo algunos amigos y familiares. No había Olimpias de Plata (se establecieron en 1970) sólo el Olimpia de Oro. El encargado de entregarlo era quién lo había recibido el año anterior. A Otaño se lo entregó el Capitán Carlos Muratorio, Medalla de Plata en los Juego Olímpicos de Tokio en equitación, y al año siguiente él hizo lo propio con Horacio Accavallo, campeón mundial de boxeo peso mosca.

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