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lunes, 1 de noviembre de 2010

El Rugby es el sabor del encuentro - Por Nicanor Gonzalez del Solar


Cuenta la historia que, cuando en 1871, exactamente el 26 de enero, se reunieron en Londres los representantes de 21 clubes y crearon la "Rugby Football Union" (RFU), debieron haber sido 22. Parece que el representante del club "Wasps" se quedó en el camino, porque se detuvo en un bar y "copa va, copa viene", perdió la noción del tiempo, su equilibrio y su sentido de ubicación. Este distinguido señor se fue a otro lado, mareado por el alcohol, y nunca se juntó con los otros miembros de los 21 clubes.

Hace unos años, un australiano me dijo "si desaparece la cerveza, desaparece el rugby". ¿Es así? Probablemente, no. Aunque desde el punto de vista de un nativo de la tierra de los canguros, no sería descabellado porque tomar una cerveza, en un sitio donde hay gente, es parte de su idiosincrasia. Sólo hace falta concurrir a algún bar y comprobar cuán significativo es para los australianos (hombres y mujeres) el rito de la cerveza.

Lo mismo sucede en Gales, Escocia, Inglaterra, Nueva Zelandia o Sudáfrica. Un párrafo aparte merecen los irlandeses, los más fieles amantes de las bebidas alcohólicas (especialmente la cerveza) antes, durante y después de los partidos.

CORDIALIDAD IRLANDESA. Hace quince años atrás, estuvimos con Los Pumas en Dublín y nos invitaron a la empresa "Guinness", que produce la cerveza negra. La visita se produjo a las once de la mañana y, a medida que caminábamos y escuchábamos las explicaciones de los expertos, todos estábamos medio mareados, por la cebada, el alcohol y la fermentación. Cuando finalizó el recorrido nos invitaron a entrar a un salón, donde sirvieron su cerveza. Los rugbistas argentinos recibieron como regalo los magníficos jarros. Los otros miembros del grupo (periodistas y dirigentes) sólo nos quedamos con la cerveza.

Los Pumas estaban acompañados con algunos irlandeses, que eran los que los guiaban y los llevaban a los campos de entrenamientos y a la cancha de Lansdowne Road. Luego de beber un poco de los jarritos, los muchachos sudamericanos agradecieron y se dispusieron a retirarse. Pero había un problema: no querían desairar a los directivos de "Guinness" pues quedaron muchos jarros con la cerveza. La situación se resolvió rápidamente: los acompañantes irlandeses (entre los que estaba Fergus Slattery, el célebre tercera línea de Irlanda y British & Irish Lions) bebieron toda la cerveza que había quedado, con un promedio de diez jarros por persona. Impresionante.

LA OTRA CARA. Es difícil sacar estadísticas, pero el día que comenzó el Mundial de Rugby de 1999, en Cardiff se deben haber batido los récords de consumo de alcohol. Fue la jornada en que Gales debutó en el flamante Estadio Millennium contra la Argentina, y ganó con mucho esfuerzo. Luego del partido, los periodistas argentinos nos quedamos con los Pumas, escuchamos sus opiniones y participamos de la conferencia de Prensa. Cuando dejamos el Millennium llovía y, a las pocas cuadras, quedamos asombrados. En la calle principal todos tomaban, y lanzaban las botellas a las paredes. Se abrazaban, se peleaban, caían exhaustos y procuraban más alcohol. En la puerta de un negocio célebre por sus hamburguesas, la policía detenía a unos jóvenes, que pretendieron entrar por la fuerza. Estaban completamente borrachos y no tenían más de quince años.

El fervor era masivo, exultante la algarabía, interminables los abrazos y los besos. También estaban los violentos, que agredían a los turistas que se habían trasladado a Cardiff desde distintos lados. Yo bauticé a esa jornada de excesos alcohólicos como la noche de "Aquelarre", casi una reunión de brujos.

Hemos recordado algunos momentos del rugby, donde las bebidas alcohólicas, mal utilizadas, hicieron perder la conciencia a más de uno. Pero atención: la culpa no la tienen las bebidas sino el individuo que se extralimitó. Una cerveza bien fresca, tomada en un "tercer tiempo" es un símbolo de respeto, amistad y tolerancia. Un vaso con vino no sólo ayuda a la circulación de la sangre sino que establece vínculos entre personas. El whisky, tomado con hielo, gratifica a los hombres y mujeres.

En el rugby todos se sienten cómodos con un vaso o una copa en las manos. Contribuyen a que, en los "terceros tiempos" prevalezca la templanza y se atenúen los rencores que, quizás, nacieron dentro de la cancha. Lo malo es el descontrol, especialmente manifestado por los más chicos, que se meten donde no deben.

Sí, el rugby y el alcohol son hermanos. Lo válido es que prevalezca, con la medida justa, la voluntad de compartir en armonía un momento que, desde los tiempos del mítico Baco, está asociado con el espíritu humano.

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