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viernes, 12 de noviembre de 2010

Falta competencia, el déficit que persigue a Los Pumas - por Claudio Leveroni

El seleccionado argentino afronta la segunda ventana internacional sabiendo que llegará, en el 2011, a Nueva Zelanda dando enormes ventajas.
El Mundial esta muy cerca. Apenas diez meses nos separan del gran evento y Los Pumas encaran el último tramo de su preparación con una famélica agenda de competencias. Se trata de una ventaja enorme que continúa ofreciendo nuestro seleccionado que, por distintos motivos, no ha podido asumir un fixture mucho más nutrido que le permita al cuerpo técnico trabajar con mayor comodidad para amalgamar las distintas generaciones que se van incorporando al plantel nacional.
Los Pumas ingresarán esta tarde al estadio Marcantonio Bentegodi de Verona, con tan solo tres partidos como antecedentes del año. Italia, en cambio, lleva siete. La misma diferencia, o aún mayor, se encontrarán ante Francia e Irlanda, los otros dos rivales de la gira europea. Argentina sumará al final del 2010 tan solo seis partidos internacionales, la misma cantidad que tuvo en el 2009. Doce test en dos años es menos de lo que disputan cualquiera de las tres grandes potencias del Hemisferio Sur, con quienes Los Pumas competirán a partir de 2012, en un solo año. Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda suman entre 13 y 15 encuentros anuales.
Lo paradójico de esta situación es que se la empeoró con el correr del tiempo. Si tomamos como referencia el ciclo de Marcelo Loffreda previo a Francia 2007, notaremos una enorme diferencia con el actual proceso que encabeza Phelan. Antes del inolvidable partido inaugural en París, con el que Argentina sorprendió al mundo del rugby al superar a los locales, Los Pumas disputaron 17 partidos en los 15 meses anteriores. Fueron tres ante Gales, dos frente a Irlanda, Italia y Chile; uno con Inglaterra, Francia, Uruguay, Nueva Zelanda, Barbarians franceses, Bélgica XV, Northampton y Leicester. El panorama para Phelan es bien distinto. En el mejor de los casos podrá sumar solamente diez partidos en el mismo período. A los seis que corresponden a las dos ventanas del 2010, hay posibilidad de ubicar cuatro más que aún buscan acomodarse para el año entrante. En febrero, aprovechando el Seis Naciones, Phelan intentará tener a los jugadores para una concentración que incluya un cotejo ante clubes. En mayo ya esta en carpeta un choque con los Barbarians Británicos y en junio otro con los Barbarians franceses. El cuarto y último encuentro ya fue acordado para agosto frente a Gales, con la idea de continuar desde Cardiff rumbo a Nueva Zelanda y llegar unos diez días antes del debut ante Inglaterra que será el 10 de septiembre. Esos siete cotejos menos que tendrá el ciclo Phelan en relación al de Loffreda como previo al mundial, representan un enorme  déficit ante rivales que no otorgan ventajas similares.
Argentina se presentará en Nueva Zelanda 2011 siendo, entre los 12 mejores del mundo, el seleccionado con menor cantidad de competencia internacional. Increíblemente, esto sucede al tiempo de saber que comenzará a competir, al año siguiente, en el torneo más competitivo del mundo como es el, ahora rebautizado, Cuatro Naciones.


Las historias que yo cuento - Las giras del Rugby - Por Marcelo Mariosa



Cuando escribo ésto algunos muchos amigos lectores de éstas líneas estarán en Ezeiza (aeropuerto internacional Pistarini) a punto de subir a un avión que los llevará a las tierras de los Springboks.


Me los imagino, tal como yo lo he vivido, intensos y muertos de risa, bromeando y sacándose fotos, conversando con cuanta mujer pase cerca con cualquier excusa y hasta probablemente interceptando al piloto para proponerle alguna barbaridad. Cuando uno sale de gira de rugby, sin importar la edad, la adrenalina fluye a máxima velocidad, recuerda giras de "jóvenes" y trata de adecuarse a la circunstancia del documento ... pero sólo un poco. Para algunos quizá sea su primera gira internacional y si me permiten, es probable que por fin entiendan lo que significa irse de "vacaciones de rugby" con un montón de amigos. Inolvidable. 

Hace ya algunos años, en ocasión de una invitación del seleccionado de rugby de la República Oriental del Uruguay (Los Teros), fuimos a jugar un par de partidos junto con otro equipo porteño, tanto como para hacerles de sparring a los chinos de enfrente que estaban preparándose para un campeonato sudamericano (del cual no voy a decir el año para que no sepan que camino la mitad de mi vida teórica). 

Fue hace tantos años que la manera de ir a Montevideo era el Vapor de la Carrera que viajaba toda la noche y tenía dormitorios donde 25 jugadores de mi club (más los 5 dirigentes de turno) tratamos de dormir en aquella noche de Viernes para Sábado, pero fue una tarea casi imposible, fue una noche corrida. Los muchachos del otro club, más "guitudos", viajaron en avión el sábado a la mañana. 

Poco voy a contar de los partidos de rugby que nos vieron vencedores a ambos equipos argentinos, pero hay que contar las otras cosas que pueden pasar en una gira de rugby. La primera es que hacía bastante calor, con lo que todo el mundo tomó bastante cerveza Pilsen y con ese combustible, nos íbamos subiendo a las mesas que el Carrasco Polo tiene en sus quinchados, donde se realizaba el tercer tiempo, para cantar viejas canciones de rugby. Y así como subíamos se iban deshaciendo las mesas debajo de nuestros pies. Cuando no quedaron mesas, nos subíamos a los bancos con idéntico destino.

 A los gritos por el barrio de Carrasco, a las risas por todos los rincones, también tuve un amor fugaz con una muy bella niña que terminó abruptamente en su casa y no por culpa del alcohol, pero eso se los cuento otro día. Sí puedo decir que nuestro hogar por dos días fue el Casino Carrasco y creo que inmediatamente después de nuestro paso, lo cerraron hasta hoy. A veces, cuando voy a Carrasco, lugar que me encanta, me da cierta vergüenza que alguno se acuerde lo que ocurrió hace ya 25 años. Y la verdad, fue tan divertido que merece un festejo recordatorio, asi que los dejo para mandar un mail a todos mis amigos presentes en el viaje para juntarnos a recordar lo vivido en esa gira, cosa que repetimos varias veces por año, sin cansarnos de contar una y otra vez las anécdotas del viaje, para volver a reírnos, cada vez, y como nos reiremos por años, contando las cosas que sin duda sucedieron, algunas que no pasaron y algunas otras que podrían haber ocurrido. 

El rugby es una religión donde la amistad es el credo principal. Y si tienen dudas, miren quiénes están cerca cuando nos pasan las cosas. Un abrazo

jueves, 11 de noviembre de 2010

Lugares I - Tornarugby



La camiseta de los Pumas que ven en la imagen está enmarcada y colgada de la pared de un entrañable local de la madrileña calle de San Vicente Ferrer, en Madrid: La Gulapizzas, sandwiches, provoletas, cerveza y rugby, en las paredes y vitrinas -pequeño museo de una vida de entregado a la fe oval- y sobre todo en la memoria de Sergio Fernández Candioti, "el Turco". Hispanoargentino de pro, jugador de valía y cofundador y primer presidente de un club genuino, políglota, multinacional desde sus orígenes y de resonancias nominalmente madrileñas y rugbísticamente argentinas: San Isidro R.C.

Hubo un tiempo, en otro siglo, en que el nombre del localito tenía apellido, que remitía a un ignoto Conde de Halifax, no sabemos si Charles Montagu, Primer Lord del Tesoro y ministro liberal después de la Gloriosa Revolución que llevo al trono de San Jorge a la reina Ana, al secretario de Sir Neville Chamberlain del mismo título o al coleccionista de arte propietario de algún reputado lienzo de Tiziano que cuelga de las paredes de la National Gallerylondinense. Lo cierto es que el condado se perdió y es cuestión que habrá de ser aclarada en conversación con el locuaz barman y propietario.

Además de las viandas que apuntaba, siempre podrán aprender algo de rugby si tienen la suerte de pasar por allí alguno de los jueves en que curtidos veteranos, de múltiple procedencia pero que acabaron sus carreras deportivas en San Isidro, relatan batallas y sucesos ilustrativos, didácticos y renombrados.

Por cierto, la camiseta de los Pumas disputó el último test-match en que se enfrentaron Argentina y España en el Central de Madrid, en octubre de 1992:34 a 43 para los Pumas, lógicamente, pero en uno de los mejores partidos del XV del León que he visto jamás.

¡Caguemoslos a trompadas! (Historias) - Por Tacho de Vedia

Después de muchos años trabajando en el campo, el negro se volvió para Buenos Aires a los pagos de su niñez. Por lo único que lloró cuando decidió volver, fue por su vieja chata Chevrolet. No pudo llevarla con el. Estaba un poco floja de papeles.

También habría de extrañar el rugby, pero tenia ilusiones de jugar en su club natal. Mantenía vivo el recuerdo de su infancia. Casi que podría decirse que volvía para eso. Quería medirse con esos jugadores que había observado en el programa rugby para todos.

El club de sus amores había crecido tanto que era el que más jugadores tenía inscriptos.

Siempre tuvo las tranqueras abiertas y apenas dos hiladas de alambre para que entren todos los que quieran jugar. El negro fue con la ropa y ya entrenó con un equipo del plantel superior. –Después nos das tus datos, le dijeron. Había jugadores por todas partes. El negro estaba impresionado. –Quiero jugar este sábado, le dijo al entrenador que le tocó.

Cuentan que en otro club de la zona la política era muy diferente. Empezó la temporada y ante una concurrencia masiva de jugadores, tomó la palabra el entrenador principal. Dijo –bueno muchachos, vamos a organizarnos, los que están a mi derecha se quedan conmigo, los que están de este lado van con mi colaborador y los demás vuelvan el año que viene. ¡Si no nos vemos feliz año!
Por el contrario en su club todos jugaban, algún partido armaban como fuera. Así es que el negro debutó ese mismo sábado. Después del partido ya había comentarios sobre el. –Es rustico pero va al frente como un animal, decían. –lo único que si juega en un equipo de más arriba hay que atarle las manos, porque metió unas cuantas trompadas, decí que el referí era un tipo del club, que si no lo rajan, hay que hablarle, comentaba la gente.

En esos días se hizo el censo de jugadores. La cuenta dio cincuenta mil en todo el país. Aunque un tipo dijo que hay que descontar a los que duermen en el Sheraton, porque esos no son el rugby argentino. Además el hombre dijo que hay que comer guiso hecho por la madre de los jugadores. No es tan fácil pertenecer. ¿Quién puede decir con certeza que es el rugby argentino? Cuando el sentimiento demagógico ingresa en el torrente sanguíneo no hay quien lo pare. Pensar que el hombre que dijo todo esto estuvo ahí. Entrenó el seleccionado. Habló del orgullo de ser Puma y del espejo que significa para todo el rugby.

Pero en esta etapa de su vida parece haberse olvidado de todo. Si le hubiera tocado esta época iría adelante con los profesionales, aunque ahora salga a negarlo. Tal vez si algún jugador del humilde club que apadrina logra dormir en el Sheraton cambie de opinión.

Tuvo suerte el negro y empezó a jugar en uno de los equipos del plantel más numeroso de todos los clubes del país. Fue ascendiendo de equipo, hasta llegar a la intermedia. Parecía ser el tope a sus ambiciones. Se había transformado en una persona muy emocional, de lágrima fácil.  Cuando lo nombraron para la intermedia lloró en el acto, de alegría. A la noche trabajaba en un frigorífico. Tuvo que lidiar más de una vez con los faenadores que cuchillo en mano reclamaban por aumentos de sueldo. Algunas veces llegaba a entrenamiento vendado por cortes producidos la noche anterior, vaya uno a saber en que circunstancias. El negro ya estaba grande y su sueño era jugar en la primera del club para después retirarse. El capitán siempre tuvo la última palabra para la conformación del equipo y eso nadie lo discutía. Hasta que un día el negro lo encaró al capitán y le dijo –me quiero retirar en primera. –bueno, dijo el capitán, para eso tenés que seguir haciendo meritos y esperar la oportunidad.

El negro no se quedó muy conforme, el decía que los segunda líneas de primera eran dos flaquitos oficinistas y que si los agarraba en la calle los cagaba a trompadas a los dos juntos. Faltaban solo dos partidos para terminar la temporada y el negro lo encaró nuevamente al capitán de la primera para decirle- ¿Quién hizo el equipo? ¿el capitán piluso? ¡esos pibes que juegan en mi lugar no me puedes ni llevar el bolso! El capitán se vio muy sorprendido y decidió ignorarlo.

El negro no entendía bien los códigos ni los principios que eran la base de las decisiones que se tomaban en el club. Mucho menos comprendía las charlas técnicas. En su paso por el rugby del interior había sido entrenado por gente que le transmitió buenos mensajes pero muy generales.

El rugby es un juego que se inventó hace más de cien años y hay cosas que siguen vigentes, hay que tener ganas de golpear y que te golpeen, le habían dicho. El hacia un culto de la dureza. El juego cuanto más duro mejor le había dicho un viejo entrenador. Si sabia de memoria los principios que surgieron del rugby de Gales. Ir para adelante, apoyo, continuidad y presión. Era simple y se mantiene actual.

Ahora escuchaba hablar de postes, le hacían recordar a todos los que había clavado para alambrar los potreros. Cuando le hablaban del interno se acordaba de los años que pasó pupilo en una escuela agrícola.

Decían volumen de juego y el pensaba en su grabador con música de Los Palmeras, a todo lo que da, la cumbia santafecina. Ya no era tiempo de comprender estas enseñanzas demasiado técnicas, demasiado teóricas para sus oídos. El estaba para otra cosa, se le marcaban las venas en su frente y su cuello al momento de entrar a la cancha, puro fervor, pura pasión arrolladora.

Cuando llegó el último partido paso algo extraño. Uno de los segunda líneas de la primera apareció con un tremendo golpe en la cara que le mantenía cerrado un ojo. Si fuera un accidente de trabajo podría denominarse intinere, en el camino a su casa. Que se busque una ART, pensó el negro. Dijo que lo asaltaron, pero hubo sospechas de que no fue tan así.
Se tapó todo, pero parece que el puño en cuestión fue del mismísimo negro, que quería su oportunidad. Y la iba a tener nomás. Cuando el capitán dió el equipo y lo nombró, rompió en un  tremendo llanto. Se levantó y casi corriendo llegó hasta abrazar al capitán que se vio muy sorprendido ante semejante demostración. No estaba acostumbrado a esa muestra de afecto, no era el estilo del club, más bien lo opuesto. El negro le dijo –no te voy a fallar, voy a dejar todo.

El día del partido antes de entrar al vestuario para cambiarse, el negro pidió decir unas palabras. La emoción que tenía era tan grande que cuando le dijeron que hable no pudo, tenia un nudo en la garganta. Dale que ya salimos, hablá ahora, le pidieron. Como no pudo decir nada, el equipo salió a entrar en calor. Estaba llamando el referí. Bueno negro, decí lo que quieras, le dijo el capitán. El negro solo derramaba lágrimas descontroladas. Volvió a llamar el árbitro. El equipo se dirigió a la entrada de la cancha. Ingresó por la puerta de un rincón que daba al ingoal. Parecía que entraban.

El negro corrió hasta ponerse delante de todos. Abrió sus manos como para detenerlos y grito ¡paren! Les quiero decir algo, dijo. Lo único que quiero decirles es que… ¿saben que quiero decirles?… ¿Saben que?.. ¡CAGUEMOSLOS A TROMPADAS! El capitán le dio la pelota y el negro corrió de punta encabezando la entrada a la cancha con sus ojos llorosos.

martes, 9 de noviembre de 2010

Recuerdos Académicos - Por Nicanor González del Solar


La nostalgia nos permite idealizar lo que pasó pero, al mismo tiempo, sirve para evaluar el presente. Cuando retrocedo en el tiempo recupero a un niño y a un muchacho fanático por el rugby, heredado de mi papá, quien nos contagió su fervor por el deporte de los tackles.

En los 50´y 60´ San Isidro era una aldea. Nos movíamos con la bicicleta, no había mucho tránsito y la televisión estaba solo en algunos hogares. Nuestro centro era el CASI, donde el rugby era la disciplina principal. Después del colegio y en cualquier rato libre, la pelota ovalada era nuestra compañera. Horas y horas de “tocado”(en otros lados lo llaman “la tocata”)nos permitieron dominar ese útil tan esquivo, que picaba para cualquier lado. De tal modo, cuando representábamos al Atlético, éramos muy solventes para hacer pases y manipularla como queríamos.

La tradición del viejo San Isidro(eran los años en que se caracterizaba como “San Isidro” al viejo instituto, nacido en 1902)exigía un estilo basado en el juego colectivo y en los pases de la pelota. Recuerdo a un brillante entrenador -de cuyo nombre no quiero acordarme- que nos retaba cuando alguno pateaba. Nos decía, colérico:“¡¡a patear, al SIC!! porque, en esos tiempos, el gallardo campeón de 2010 no desplegaba un juego asociado y dependía mucho del “a la carga, barraca” que, traducido, significaba patear hacia adelante y tacklear al receptor de la pelota.

Para los aldeanos del CASI el domingo empezaba temprano, cuando íbamos a misa con los viejos. Después, a las 10 horas, al cine Stella Maris para presenciar una función para chicos. Una serie(Flash Gordon, Dick Tracy, Fantomas), un largometraje de cowboys(John Wayne, El Llanero Solitario, Hopalong Cassidy)y, al final, dibujitos de Walt Disney). Duraba desde las diez a la doce.
Enseguida, almuerzo en el club con la familia y, mientras esperábamos el partido de Intermedia y, después, el de Primera, la pelota era nuestra. Nos emocionaba jugar al “tocado” en la cancha de la tribuna, durante algunos minutos, pues después nos sacaban porque llegaba el turno de los rugbiers grandes.

En la adolescencia el rugby también llenó mis días. Íbamos al Colegio Nacional de San Isidro y jugábamos los Intercolegiales. Con muchachos del Atlético, de SIC, de Olivos y de Pueyrredón armábamos unos equipos formidables. Fuimos Campeones en los Torneos del Ministerio de Educación, en rugby de 15 y de 7, en diferentes años. Sí, San Isidro era la Capital del Rugby.

Nuestro fanatismo se manifestaba de distintas formas: mi hermano Eduardo, medio-scrum brillante, mejoró su pase en el garaje de nuestra casa. Pintó una cruces en el portón y, después del colegio y del almuerzo, apuntaba, una y otra vez, a esas referencias. Si bien destruyó la madera, su pase fue clave para habilitar a su medio apertura, al lugar y a la distancia que quería.

Cuando ya estaba en Primera, me di cuenta que necesitaba un entrenamiento especial. Entonces decidí levantarme a las cinco de la mañana y correr alrededor del Hipódromo de San Isidro(5 kms.), todas las mañanas. Si bien siempre tuve tendencia a engordar, gracias a ese esfuerzo personal corría durante todo el partido(antes se jugaban 70´ minutos; después- como ahora- 80´ minutos)y esa condición atlética me permitió jugar en los Sevens, de Quinta, Cuarta o Primera División.

Éramos fanáticos del rugby y lo manifestábamos todo el tiempo. Cuando nos visitó Irlanda en 1952 o Francia en 1954, para unos “payucas” sanisidrenses fue toda una peripecia tomar el tren(que no era el de la línea Tigre-Retiro)y llegar a la estación 3 de Febrero para ir a la cancha del Club de Gimnasia y Esgrima, sección Jorge Newbery, donde se disputaban los partidos internacionales. Los europeos nos parecían gigantes, imposibles de batir. Mayor fue la impresión cuando, en 1959, llegaron los enormes Junior Springboks. Un año más tarde, en 1960, nuestro rumbo apuntó al otro lado: Tomábamos el Tren de la Costa y nos instalábamos en el Club San Fernando, para observar, maravillados, a los fabulosos “tricolores” franceses(vivían en el club de remeros). Allí conocí y admiré al mejor pilar de la historia: Amedée Domenech, con más de 100 kilos de peso pero con la velocidad de un winger .

Sí, éramos apasionados por el rugby y sólo nos interesaba dominar la pelota. Tanta destreza se reflejó en la cancha. Los muchachos del CASI de los 60´ brillábamos en los certámenes de la UAR(no existía la URBA). Desarrollábamos un estilo basado en los pases y en las combinaciones entre delanteros y backs. Éramos, qué duda cabe, los representantes de “La Academia”, tal como había sido bautizado el viejo Club Atlético de San Isidro.

¿Qué quedó de esa pasión en el tercer milenio? Los chicos del viejo instituto sanisidrense tienen hoy otras preocupaciones y el rugby es un complemento, una distracción. La Internet, la televisión, la vorágine para lograr una buena posición económica prevalecen sobre esa pelota huidiza. Les gusta jugar pero no se obsesionan con mejorar las destrezas ni alcanzar un estado físico de excelencia, necesarios para recibirse de “Académicos”. ¡Qué lástima!

Como decía Joan Manuel Serrat: “y dónde, dónde, fue mi niñez…”

lunes, 8 de noviembre de 2010

Las ganas de hacer - Imperio Rugby


El rugby es un deporte donde la transmisión de valores y la prédica con el ejemplo, es muy importante. Por eso, en todos los clubes del mundo se busca que aquellas personas que han pasado por la primera división de sus equipos y que han dejado una huella importante defendiendo los colores de sus camisetas, sigan ligados de alguna manera luego de finalizar su etapa como jugadores.
A esta altura se preguntarán ¿a que viene todo esto? El último fin de semana se llevó adelante en Urú, la segunda edición del Torneo Eduardo Scoppa, un certamen organizado por la preintermedia de la “lechuza” reservado para cinco equipos que acceden al mismo por invitación del club local.
Este evento requiere un esfuerzo organizativo más que importante, ya que se trata de atender y coordinar la actividad de más de 120 jugadores que participan del mismo.
A diferencia de lo que ocurre con el Torneo Candini, el otro gran evento que presenta la ciudad en materia rugbística, el “Scoppa” es organizado por los propios jugadores de la preintermedia, que más allá de participar deportivamente, afrontan todos los detalles necesarios  para poder poner en funcionamiento este magnifico torneo.
Prueba de lo bien que se vienen realizando las cosas, es la predisposición de diferentes equipos de formar parte del mismo. En esta edición el ganador fue La Tablada, equipo que venía de salir campeón en el torneo cordobés, además de una nueva visita de Los Tordos, ganador de la primera edición, que nuevamente reiteró su agradecimiento y ya confirmó su participación en el 2009.
Lo cierto es que si uno repasa el plantel de la “pre” de la “lechuza”, se encuentra con ex-jugadores de la primera de Urú, que con la excusa de jugar un poco al rugby, se han vuelto a sumar a la vida social del club.
Salvador Mosso, Mario Balliano, Luciano Scoppa, Álvaro Estévez, solo por nombrar algunos, encontraron la posibilidad de acercarse nuevamente al club, volviendo a insertarse en esta “rutina” tan linda que es la del rugby, no solamente jugando algún partido a lo largo del año, sino comenzando a hacer sus primeros pasos como dirigentes dentro de la institución y como entrenadores de divisiones juveniles.
Esto creo que es lo más importante de la “pre” y del torneo Scoppa, las ganas de hacer de un grupo de personas que se habían alejado de la vida activa de Urú Curé, las cuales en un futuro no muy lejano, serán los encargados de tomar la posta de un grupo de dirigentes que se deben sentir tranquilos por todo lo que se está gestando detrás de ellos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Aprendiendo a jugar a Rugby gracias a la cultura Maori

Los Maoris son los primeros pobladores de Nueva Zelanda.
Sus creencias y sus valores han ayudado y siguen ayudando a los mejores jugadores del mundo: a los All Black y a aquellos jugadores y entrenadores que desean venir a Nueva Zelanda a entrenar. La NZSA, una de las mejores academias de Rugby del mundo, os contara estos secretos.
Principalmente ellos basan su cultura e ideas en la tolerancia y en aceptar a cada uno como somos. Esto lo trasladan al juego del Rugby.
Aqui os va un artículo escrito por Jim Love, ex All Black, director de la New Zeland Sports Academy y encargado de seleccionar y enseñar a estrellas de Rugby.

¨La cultura de un equipo es como los jugadores responden ante determinadas situaciones. La mayoría de los equipos tienen la cultura de apoyarse unos a otros para trabajar juntos hacia el mismo objetivo. Donde la cultura es positiva, hace que los probelmas como lesiones se solucionen de manera satisfactoria.
Una cultura negativa de equipo, llevara a una mala actuación y juego, ya que habra desacuerdos en las areas fundamentales.
Las culturas individuales no funcionan, por eso hay que tratar de crear una cultura de equipo aunque esto lleve tiempo.


Puntos claves: el entrenador y la cultura

1.El rol principal de un entreandor es crear una cultura positiva, una que vaya con los jugadores. Una fuerte cultura positiva, evitara diversiones y distracciones.

2. El entrenador debiera basar la ruta para una cultura positiva sobre la diversidad de los jugadores. Todo hacia una meta comun. 
  

Cultura Nacional
En Nueva Zelanda tenemos una gran cultura de tener en nuestros equipos jugadores indigenas. Su manera de pensar y jugar nos mejora a todos en nuestros sistemas y rutinas de entrenamiento. De mis viajes alrededor de l mundo, he aprendido a identificar las diferentes culturas segun naciones. Es dificil que un Gales admita que quiera jugar como un Ingles.

En nuestra academia tenemos jugadores de diferentes nacionalidades. Cada uno ha aprendido a jugar a rugby de una manera diferente y tengo que estar en sincronia con ellos para ayudarles a mejorar y cambiar sus maneras.

Puntos clave: cultura nacional

1.Acepata ls diferentes culturas de tu equipo. Incluso las diferencias regionales.
2.Nunca dejes de aprender de ls diferentes culturas. No impongas estilos o metodos que no se ajusten a la mayoria.

Cultura Maori
La cultura Maori esta basada en Tikanga, esto es las costumbres y tradicions que han ido pasando de padres a hijos desde hace siglos, incluso antes de que se hablara Ingles. En los campamentos de Rugby Maoris, la cultura se expresa a taves de canciones, rezos y desarrollo de nuestras Hakas, nuestra danza tradicional. Es un codigo de conducta, que si desapareciera , desapareceria nuestra¨wairua¨ o el espiritu que nos distingue de otras personas.

Una lección simple para cualquier entrenador: no trates de remover la cultura individual de un jugador, porque pierdes lo esencial y el corazón que les mueve para jugar.

Creando el entorno perfecto
Es facil creer que hay que dejar a un lado las necesidades de un jugador en favor del equipo. Pero es cierto que si un jugador no esta contento jugando puede estropear al resto del equipo, tirando al traste nuestro trabajo de equipo.
El mejor entorno

1.Tiende a cubrir las necesidades individuales de los jugadores, esto puede hacerse mejor con  buenos sistemas de gestión que ayuden a los jugadores a fijarse metas.
2.Manten las lineas de comunicacion abiertas a todos los niveles, los jugadores deben poder discutir sus sentimientos y sensaciones sin que halla confrontacion. Una revisión sistematica de su estado , ayudara a asegurar que cada jugador tenga la oportunidad de dar sus puntos de vista.¨