Logo Chamigos

Logo Chamigos

viernes, 15 de abril de 2011

El Viejo - Por Marcelo Mariosa

Todos los amigos leyentes sabrán, a estas alturas, que hace poco se nos ha ido otro amigo, en la provincia de Córdoba. Y muchos hablaron de los análisis obligatorios para poder jugar. La vida es un pequeño regalo que todos recibimos y que debemos atesorar.

Algunos queridos amigos, por diversas y dolorosas razones, han decidido abandonarnos antes de lo previsto y se fueron sin más ni más. Los que estamos por acá, todavía, sabemos de lo inexorable que es terminar la vida y que no hay análisis o chequeo que te garantice nada, pero sin dudas te ayuda a saber si tenés "con certeza" que parar con la actividad física, so pena de que aumente las probabilidades de que nos pase algo antes de lo deseable.

Ha habido muchos casos como el de Juan Migliore, que jugando en primera y con 21 años, una lesión terminó con su vida. Yo siempre digo que debemos cuidarnos para que ese "extra" que se nos regala que es jugar el rugby a una edad donde nuestros abuelos o padres apenas podían moverse, es como una obligación. Jugadores de nuestra edad deben saber que hay que cuidarse diferente que jóvenes de menos de 30, que hay que descansar todo lo necesario (y si no es posible, es mejor hacer el asado, pero no arriesgar el físico), si uno está enfermo debe quedarse en la cama (ya no tenemos 20 años que jugábamos con fiebre), hay que alimentarse adecuadamente para esta etapa de la vida (y no mandarse una pizza entera, sin medir lo que ingerimos) y saber a ciencia cierta si tenemos riesgos altos y posibilidades de que nos pase algo jugando el amado deporte de la pelota oval. Yo sé que hemos jugado "rotos" y enfermos, cortados y con diferente "nanas", pero ahora es tiempo de cuidarse, porque estamos aprovechando tiempo extra, usando un regalo, y no hay que excederse.

No tenemos que recuperar tiempo perdido (sobre la cancha) sino aprovechar este presente hermoso que es poder entrar a un vestuario, atarnos los cordones de los zapatos de rugby (para algunos eso ya es mucho, poder agacharse) y salir a la cancha a disfrutar con amigos con diferentes camisetas. Un día entré a un vestuario y un compañero y amigo estaba sentado en los bancos de ese club, quieto y en silencio, mirando el piso. le pregunté qué le pasaba y no me respondió. Me senté a su lado y vi que estaba llorando, levemente. Le puse la mano en el hombro, sabiendo que había pasado por lo que se creía un cáncer terminal, muchos meses de cama, quimioterapia y mucha esperanza perdida.

Sólo me dijo: -"Creí que nunca más iba a cambiarme para jugar rugby"- Para todos nosotros el juego y todo lo que lo rodea es algo mágico. Pero comprendan sus límites, no sea cosa que esa magia, alocada y sin control, nos haga desaparecer.


No hay comentarios:

Publicar un comentario